Eurovisión 2021, la más cara y la mascarilla

Los presentadores Chantal Janzen y Jan Smit/EFE/PATRICK VAN EMST
|

Tras su primera cancelación, el Festival de la Canción de Eurovisión arranca la semana grande de su edición número 65, "la más difícil de su historia", según reconocen a Efe sus responsables, y, para exorcizar los demonios de la pandemia, también una "mucho más cara".


Se equivoca quien piense que las necesarias distancias y otras precauciones aparejadas a la covid-19 han reducido la espectacularidad. "El recinto es increíble, el escenario es fantástico y la calidad de la producción anda en su máximo nivel", asegura a Efe Martin Österdahl, quien se estrena como supervisor ejecutivo del evento para la Unión Europea de Radiodifusión (UER).


El sueco, que posee una larga trayectoria en la televisión de su país y fue productor de Eurovisión en las ediciones de 2013 y 2016, sonríe al mencionarle con ironía que asume los mandos en su "mejor" momento, tras la inédita cancelación de 2020.


"No había otra opción", afirma con rotundidad sobre dicha decisión. "La pandemia era algo nuevo, pero ahora hemos aprendido mucho de cómo manejarla", añade, antes de reconocer que, "aunque cada año tiene su retos, este ha sido el más difícil".


El día después de la cancelación se empezó a trabajar en la edición que arranca ahora. "Decidimos entonces que Eurovisión tenía que volver en 2021, fuera el que fuese el formato", señala con rotundidad, tras alabar la "valentía" de la ciudad de Róterdam y de la televisión holandesa al reasumir la sede del festival.


Para lograrlo, dieron vueltas a sus procesos de trabajo habituales e iniciaron conversaciones con los países a concurso para "comprobar qué restricciones había en cada uno y estudiar qué se podía cambiar para ser más flexibles".


"Debía sonar loco para algunos la idea de celebrar un festival de canciones aún en pandemia. Eurovisión es en realidad bastante loco de por sí, porque es probablemente la producción de televisión más compleja de todo el mundo. Pero había una tradición detrás de 64 ediciones y un historial de colaboración entre todos... y estos 39 países de verdad quisieron que esto sucediera", indica.


Sin Armenia ni Bielorrusia

Solo dos de los países que iban a participar antes de la pandemia han abandonado en 2021, Armenia y Bielorrusia, aunque este último lo hizo por un desencuentro de última hora con la UER por el mensaje político que contenía su canción, algo prohibido en las normas.


No viajará tampoco Australia por las fuertes restricciones de allí, aunque su representante sí participará gracias a una de las innovaciones: las grabaciones de seguridad, esto es, registros de las actuaciones realizadas desde los propios países contendientes bajo estrictas reglas para evitar los supuestos "playbacks" del previo Eurovisión Junior.


"Dimos normas muy específicas en cuanto al número de tomas y de tiempo. También nos aseguramos de estar presentes durante las grabaciones, fuese vía Zoom o similares y revisamos dos veces todo el material. No queríamos que Eurovisión volviese como un concurso de videoclips perfectos y manipulados para apurar las imperfecciones vocales, porque ese componente en vivo es fundamental", subraya.


En esta edición las únicas voces que podrán llegar grabadas de estudio por primera vez son las de los distintos coros, otra novedad para reducir el número de componentes de las delegaciones y facilitar los desplazamientos.


"No sé cuánto cambia eso el festival o si es un cambio positivo, es pronto para decirlo. Ahora mismo estamos concentrados sobre todo en 2021 y, a su término, ya evaluaremos cómo ha funcionado y cómo nos adaptamos a 2022", afirma sobre la posible pervivencia de la medida.


Un máximo de 20 personas por delegación

Gracias a ella, se ha reducido a un máximo de 20 personas el número de integrantes de cada una de las 39 delegaciones a concurso, la mitad. Asimismo, se han otorgado 500 acreditaciones presenciales a periodistas, cuando lo normal son 1.500, y al limitarse la venta de entradas la ciudad no recibirá eurofanes desde otros países.


"Lo que no cambia es el equipo técnico, que será más o menos el mismo, porque el trabajo dentro del recinto lo es", apunta la máxima autoridad de la UER para el festival, que ha dispuesto controles exhaustivos entre todos los participantes para atajar posibles brotes.


En esos análisis rutinarios (que por ejemplo para la prensa son de obligado cumplimiento cada 48 horas) se descubrieron los dos casos positivos declarados en las últimas horas en el seno de las delegaciones de Polonia e Islandia. Automáticamente sus artistas quedaron excluidos del paseo inaugural por la alfombra turquesa de ayer domingo, al igual que Malta y Rumanía, con quienes comparten hotel.


Volverán a la actividad tan pronto como sus PCR arrojen resultados negativos y, en caso de que por encontrarse en cuarentena no puedan participar en las semifinales o en la gran final de este sábado, todos los contendientes han dejado ya grabado uno de sus ensayos en el gran escenario del Ahoy Rotterdam.


Fuera de allí no habrá actividades paralelas para los ciudadanos de a pie, precaución por la que hasta hace unas pocas semanas no se decidió que 3.500 locales podrían adquirir entradas para alguno de los ensayos o "shows" oficiales, una cantidad exigua para un espectáculo que suele acoger a una media de 15.000 asistentes a precios comparables a los de una primerísima estrella de la música internacional.


¿Es Eurovisión rentable en esas condiciones? "No lo sé, pero no teníamos otra opción. Había que aceptar que esto es una crisis global y que cuando intentas juntar a 39 delegaciones en un solo lugar y convertirlo en un espacio seguro, va a ser mucho más caro", reconoce Österdahl, que se reserva la cifra en pos de un objetivo mayor.


"Estaré muy orgulloso si tenemos éxito en llevar a cabo los tres shows de este edición con los 39 países y traemos de vuelta la diversión y la pasión a todos los seguidores del festival, sobre todo, si cada uno de los que vienen a Róterdam vuelven a casa seguros", apostilla. 

Eurovisión 2021, la más cara y la mascarilla