Vecinos de Os Mallos y Palavea viven con miedo a más ocupaciones

La calle Noia es uno de los polos de ocupación de la ciudad | Javier Alborés
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El fenómeno okupa genera una gran inquietud en los barrios afectados y pone en estado de alerta a los vecinos, a los que afecta de manera más directa la marginalidad. Sobre todo, lo que más les preocupa es el “efecto llamada”. Es decir, que el número de okupas aumente gradualmente, hasa formar verdaderas comunidades, como ocurrió el año pasado en A Falperra. Últimamente son los barrios de Os Mallos y el de Palavea los que viven más intensamente el problema. 


En el primer caso, los vecinos agrupados en una plataforma con más de cien miembros denuncian actividad en la calle Noia, que atraviesa gran parte del barrio. Los residentes de esas calle ya habían denunciado hace meses la ocupación irregular del número 23, una casa de tres pisos, por parte de jóvenes inmigrantes. Ahora señalan otro edificio, también abandonado, cerca del cruce con la avenida de Finisterre. 


Los residentes perciben que se ha incrementado el número de okupas en los edificios abandonados


Por su parte, los vecinos de Palavea tienen que convivir todavía con las molestias provocadas por los okupas de uno de los edificios de la Promoción de Epamar, en la calle Padre Busto. Originalmente solo había dos familias instaladas de forma irregular pero el número también ha crecido, y actualmente el número total de okupas en ese edificio sería de diez. 



Peleas recurrentes

 
El viernes por la tarde tuvieron que desplazarse hasta allí los bomberos, ante un aviso de un incendio. Presuntamente, un sofá estaba en llamas pero lo que realmente ocurría era una pelea entre okupas. Este incidente trivial sirve de muestra para uno de los problemas más recurrentes: las peleas que estallan entre los propios okupas, y es que los conflictos entre ellos son mucho más frecuentes que con los vecinos. 


Sin embargo, esos altercados afectan a la convivencia. En Os Mallos, hay testigos que han llegado a contemplar peleas a garrotazos entre los jóvenes irregulares de la calle Noia. El caso de este barrio es más reciente que el de Palavea, donde han tenido que vérselas con la ocupación durante años (y el reciente anuncio de que la subasta del inmueble se ha paralizado hace temer que se prolongue aún más), pero también es más grave, porque a los okupas suelen achacárseles robos con el método del tirón, hurtos y robos con fuerza, allanando tiendas y domicilios. No es de extrañar que cualquier nuevo movimiento haga saltar las alarmas. 


EL ANTIGUO EDIFICIO OKUPA DE JOSÉ BALDOMIR, EN OBRAS

La reactivación del mercado inmobiliario es uno de los antídotos más poderosos a la ocupación, porque los dueños de los inmuebles se animan a rehabilitarlos y ponerlos a la venta. Un ejemplo muy claro es la calle de José Baldomir, en Agra do Orzán, que en su día albergó la comunidad okupa más numerosa de la ciudad, y que actualmente está pasando por un proceso de rehabilitación


Vecinos de Os Mallos y Palavea viven con miedo a más ocupaciones