La estética de la época comunista cautiva a los hípsters en Rumanía

Beatrice Pirtac, una profesional de la industria creativa, con una bicicleta Pegas/EFE
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Más de tres décadas después de la caída del régimen comunista de Nicolae Ceausescu, la estética de aquella época, marcada por la opresión y privaciones, se ha puesto de moda en Rumanía, especialmente entre los "hípsters".


Estos jóvenes urbanos han revitalizado marcas y estéticas que habían sido dadas por muertas tras la revolución que tumbó al dictador comunista y trajo el capitalismo a Rumanía a partir de diciembre de 1989.


Un buen ejemplo es el renacimiento de la marca de bicicletas Pegas, que marcó la infancia de millones de rumanos y que está registrando ventas récord durante la pandemia del coronavirus.


Bicicletas en tiempos de covid

"En mayo del año pasado las ventas crecieron un 30 %, y se han mantenido así hasta ahora", dice a Efe Andrei Botescu, quien recuperó la Pegas en 2012.


"Muchos clientes quieren volver a tener una Pegas como cuando eran niños", explica el empresario sobre una bicicleta que empezó a fabricarse en 1972 en una planta de armamento de la Rumanía comunista.


Como muchos otros modelos de la época, imitaban, con su manillar vertical y curvado, a las míticas motocicletas Harley Davidson.


"Hemos conseguido posicionar Pegas como un producto atractivo de nuestros días", cuenta Botescu.

Así lo confirma también una joven bucarestina, apasionada de estas bicicletas.


“Las Pegas son más artísticas que los modelos de nuestra época”, asegura a Efe Beatrice Pirtac, una profesional de la industria creativa, nacida en 1997.


Cerveza y chocolatinas

Este fenómeno explica también el auge de productos como la ROM, una chocolatina con sabor a ron lanzada al mercado por una empresa del Estado comunista en 1964.


Esos dulces no solo sobrevivieron a la transición al capitalismo. Su gusto inconfundible y su estridente embalaje con los colores de la bandera rumana hacen que millones de rumanos los sigan identificando como un símbolo nacional.


Otro caso es el resurgimiento de la cerveza Grivita, una de las pocas que había en el mercado durante el comunismo.


La cerveza se elabora ahora en una fábrica construida con fondos europeos en el barrio de Grivita, que le da su nombre, una zona de clase obrera conocida por la huelga de ferroviarios comunistas que fue brutalmente reprimida en 1933.


Un nuevo Berlín

Barrios bucarestinos como Grivita ofrecen al movimiento hípster paisajes post-industriales de ensueño para beber una cerveza, como puede hacerse en la propia fábrica, y hacerse fotos para Instagram.


"Bucarest puede ser un nuevo Berlín", declara Botescu, que destaca la pujanza de la cultura urbana en una capital rumana donde cada vez más espacios se transforman en polos de atracción para jóvenes alternativos.


Al igual que la capital de Alemania, Bucarest es una ciudad rica en cicatrices históricas del convulso siglo XX europeo.


Una forma de asomarse a ellas es el tour "Red Patrol", que permite recorrer la ciudad como pasajero o piloto de en un viejo Dacia, una marca de coches creada por Ceausescu.


La gira pasa, por ejemplo, por la sede del Comité Central, de la que Ceausescu huyó en helicóptero de la ira popular antes de ser fusilado, y por la Casa del Pueblo, el mastodóntico palacio construido por el dictador.


"Digestivo" de historia trágica

"Para construir la Casa del Pueblo y el conjunto arquitectónico de la que es parte, Ceausescu destruyó un 25 % de la superficie de la ciudad; 15.000 casas, sobre todo del siglo XIX, fueron demolidas, y 50.000 personas evacuadas", cuenta el dueño de Red Patrol, Serban Cornaciu.


Este emprendedor se refiere a sus tours como "un digestivo" que permite conocer el pasado traumático del país de una manera gráfica y entretenida.


El paseo en Dacia va acompañado de explicaciones sobre los años 1980 marcados por las penurias y la escasez, en los que la gasolina estaba racionada y solo se podía circular cuando lo permitía el régimen.

"Conducir un Dacia de aquella época es la forma perfecta de entender la realidad de la gente entonces", dice Cornaciu.


Pese a todo, ver un Dacia de época por las calles también despierta emociones positivas entre muchos rumanos.


"Existe una ligazón emocional muy fuerte con este vehículo; todas las familias, en un momento u otro de sus vidas, tuvieron un Dacia en Rumanía", recuerda Cornaciu. 

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