Repaso al presidente

|

No creo equivocarme mucho si digo que Pablo Casado es uno de los mejores oradores del Congreso. Sin papeles ni tabletas arma unos discursos bien estructurados, documentados y cargados de argumentos, datos y referencias de ultimísima actualidad. Duros en contenidos y vibrantes en las formas cuando de desmontar los frecuentes embutes de Pedro Sánchez se trata.


El miércoles le dio todo un repaso al presidente del Gobierno luego de que éste hubiese reiterado hasta la saciedad y dibujado un panorama idílico de fondos europeos y vacunas. Un debate, por cierto, que Sánchez dio por concluido con unos párrafos cursis que producían sonrojo ajeno: glosas excelsas a los brazos descubiertos y a la piel marcada por las arrugas de los mayores vacunándose. Horror.


Lo cierto es, con todo, que de los fondos europeos nada se sabe sobre cuándo y con qué condiciones llegarán, mientras que las vacunas lo están haciendo tarde o no son en determinada medida administrables a los sectores de edad en principio pensados. “Usted –le dijo Casado- empieza a ser un gafe”. Esto es: trae mala suerte. Y así está sucediendo.


Cuando habló de la anglosueca AstraZeneca saltaron las incidencias sanitara por mor de unos sospechosos trombos y hubo que parar el calendario de vacunación previsto. Cuando habló de la Sputnik rusa y “rajó” en exclusiva, en público y en privado contra la presidente madrileña Isabel Ayuso por haberse interesado por ella, llegó desde Berlín la señora Merkel y dijo que también se lo estaba pensando.


Y cuando había puesto todas sus esperanzas en la Janssen para completar y asegurar suministros, sucedió que la norteamericana ha tenido que parar de momento su distribución por reacciones sanitarias imprevistas en su aplicación. El caso es que, por unas causas u otras, la vacunación avanza a trompicones.


Parece mentira que a estas alturas Gobierno y aledaños no hayan sacado todavía la conclusión de que, ante este incómodo y “policepa” virus que nos aflige, cuantas menos profecías económicas y sanitarias se hagan, mejor que mejor. Y en todo caso, cuanto menos rotundas sean, doblemente más aconsejable. De un día para otro este virus pulveriza pronósticos.


A la historia habrá de pasar aquella invitación del presidente a la ciudanía, de comienzos de la primera desescalada, en vísperas del verano 2020 y en sede parlamentaria, para salir a la calle porque con el confinamiento se había vencido ya la pandemia y salvado 450.000 vidas. Sin embargo, diez meses después andamos por la cuarta ola. Pero él ahí continúa: destilando y vendiendo triunfalismos injustificados.


Y es que la propaganda los puede. Mucho más que el Congreso les gustan las escaleras principales de acceso a Moncloa. Y allá acuden siempre que pueden. Resulta admirable verlos salir del interior del edificio ya desplegados casi en formación, por orden jerárquico y con el jefe al frente, pletórico, arrogante, sobrado y chulesco. 

Repaso al presidente