Un rapero de derechas

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Para poder conocer la auténtica dimensión de la bondad de los reivindicadores de la libertad de expresión, se hace imprescindible la aparición de un rapero de derechas y cuanto más descerebrado mejor. La izquierda es muy generosa consigo misma a la hora de auto absolverse de sus pecados en contraposición con su nivel de exigencia en el momento de condenar las faltas de sus adversarios. Europa ha igualado al fascismo y al comunismo para denostar ambas ideologías que arrastran millones de muertos, estando a la cabeza con gran diferencia el comunismo lo cual no hace bueno el pensamiento fascista. A la vista de las revueltas salvajes que ha provocado el ingreso en prisión del delincuente reincidente Hasél y de la postura de las izquierdas más asilvestradas sería interesante ver la reacción de los mismos ante letras ofensivas que un “artista” de derechas pudiera incluir en sus “creaciones”. Ya les adelanto que no sería tratado de igual manera que el tal Pablo Hasél por los puristas inquisidores que animan la “kale borroka” que destroza calles y negocios y daña sensiblemente a nuestra democracia. Pero si además el rapero “conservador” incluyera letras que denigran a las mujeres y anima a violarlas, como sí hace el “artista” que inició este follón, pues entonces el fenómeno “artista” estaría condenado de antemano por el tribunal moralista de la izquierda que ahora enarbola la bandera de la libertad de expresión en la peor de sus versiones. Les recuerdo que artistas contrastados han sido vetados en algunos medios públicos de determinadas comunidades autónomas por letras tan ofensivas como “que viva España”, en el caso de Manolo Escobar y nadie quemó las calles ni atacó a los cuerpos de seguridad de estado. Cuando además desde el propio gobierno de España se alienta a los alborotadores resulta imposible reconducir a la turba que se ve crecida al recibir tales apoyos. Que todo un vicepresidente del gobierno diga que nuestro país carece de una democracia real al mismo tiempo que aplaude “democracias” como las de Cuba o Venezuela, no hace si no que revitalizar las vísceras de los terroristas callejeros que rompen nuestra paz social y la convivencia democrática. No es aceptable que a estos perfiles se les incluya en gobiernos y no se entiende que un partido democrático como el Psoe se deje acompañar por estos personajes que están para lo que están y que nada tiene que ver con el interés general de los españoles. Afortunadamente no existe este rapero de derechas para contraponerlo a los disparates del delincuente encarcelado, pero no debemos olvidar que el principio acción-reacción puede alimentar enfrentamientos que solo desean los asilvestrados de la extrema izquierda. Solo la ley y su cumplimiento nos garantiza la convivencia democrática y el estado no puede ausentarse por más tiempo de las revueltas de algunas ciudades de España, ha de imponer el orden sin vértigos ni concesiones a los activistas violentos protegidos por miembros del gobierno. Ningún sectarismo puede abanderar libertades y menos de expresión. Pero estamos en España, quizá Alfonso Guerra acertó cuando anunció que a “España no la iba a conocer ni la madre que la parió” hace ya cuarenta años. Guerra, estoy convencido, se refería a otra cosa, pero lo cierto es que a esta España no la reconocemos los españoles que vivimos la transición, aquella España de la concordia que impulsaba Adolfo Suárez y todos los líderes acreditados de aquellos tiempos y que alimentamos la inmensa mayoría de los españoles ya no está, se la han cargado. Aquel tiempo de ilusiones compartidas, de proyectos y compromisos, de futuro para los jóvenes se ha esfumado. Lo hemos cambiado por el tiempo del odio, del enfrentamiento y la confrontación, de las incertidumbres y del oscuro futuro para nuestros jóvenes. Ustedes y yo sabemos bien quien nos ha traído tanta sinrazón. Piénsenlo.

Un rapero de derechas