Consejo te doy

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El CGPJ es el órgano que garantiza la independencia de los jueces”. Así se define él mismo; se tiene fe, la que le insuflaron los padres de la Transición. En ese instante, pura voluntad democrática recién expresada y aún no contaminada por el grosero reparto.


Alguien tiene que nombrarlos, sí, y por qué no la alta y baja cámara, en ella reside la voluntad popular. La cuestión es que si el objeto es velar por la independencia de los jueces, ¿por qué esas diferencias y tiranteces a la hora de hacerlo?, ¿qué importa el color político de quien se elija y su naturaleza ideológica, si es que la tiene, cuando lo que no cambia, lo que se mantiene firme en su ser es esa independencia de la que son garantes? Ella no guarda obediencia política, partidista, ni macula de otra ideología que la de velar por la desnuda voluntad de no permitir injerencias en las decisiones de los jueces lejos de los pertinentes recursos e instrumentos legales capaces de encauzarlas. Ese debiera ser control que los liberaría de no deber el cargo a un partido.


Si en verdad la voluntad de los electores fuese que los electos velaran por esa independencia al margen de sus voluntades, el acto no tendría interés alguno, se le encomendaría a los humildes jueces de instrucción, pero se trata de instruirlos, del librito de las instrucciones.


Nos queda su sentido ético y profesional, su numantina resistencia, a ella nos encomendamos como corderos no como ciudadanos.

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