Cantautores

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Entre un balón y una guitarra, siempre hubo quien eligió la guitarra. Y entre aprender los acordes de “Smoke on the water” o de un tema de Silvio Rodríguez optaba por el cubano. Es blandito, afirmaban sus amigos, mejor dicho sus compañeros; por entonces tener amigos blanditos podía llevar a malos entendidos y convenía evitar de antemano ese peligro. Sin embargo, el día en el que uno de los compañeros organizaba una fiesta en su casa, aprovechando que sus padres habían ido a comprar toallas a Valença, el que triunfaba era el blandito. Su repertorio volvía locas a las chicas; los compañeros las atiborraban a Coca Cola con aspirina, pero fracasaban rotundamente.  
Con el paso de los años, el blandito iba a la universidad. La guitarra aún le acompañaba y seguía dándole triunfos. Su repertorio ya era amplio. A la Nueva Trova se habían sumado Serrat, Aute. Amancio Prada, Luis Emilio Batallán, Moustaki, Paco Ibáñez –para momentos belicosos– e incluso Dylan y Leonard Cohen. Los primeros años de facultad no eran brillantes en lo académico; sí, en cambio, en lo que él, absorbido por su papel de cantautor, denominaba las relaciones interpersonales.
Llegaba entonces el viaje en pareja a Madrid. En tren, en tercera. Destino: los pasillos del metro. La guitarra permanecía fiel, pero la chica se iba a los pocos días. Depresión. Vuelta a casa. Durante el regreso, el reencuentro inesperado con una de las fans de la época en la que era el blandito. Todo cambiaba con velocidad. Los estudios se aceleraban de manera vertiginosa, llegaba la licenciatura y empezar a trabajar. La guitarra iba perdiendo protagonismo y acababa olvidada en el desván, donde se iba apolillando.
La transformación no se detenía. Un profesional de éxito. Un todoterreno alemán. El desenfreno empieza por la nariz. Una propuesta para entrar en política. Primero, concejal; después, parlamentario autonómico; más tarde, diputado en el Congreso y presidente de una comisión. Su nombre aparece relacionado con una trama oscura; el juez lo investiga. Ya es otro. ¡Pero quién se ha creído que es este Albert Pla! Si le da asco ser español, se fastidia; lo será hasta que se muera. Ni libertad de expresión ni nada. ¡Menudo peligro tienen las guitarras! Se va a hartar de tocar para los charnegos. Hay que ser fuerte, yo siempre he sido fuerte; estoy harto de blanditos y de cantautores.

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