Dos modelos de política

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Comentar acontecimientos ocurridos hace cinco días puede parecer fuera de tiempo y lugar, pero en esta modesta columna semanal no me resisto a volver la vista atrás para recordar dos hechos sucedidos el jueves pasado y, de paso, hacer unas apostillas al debate de la autonomía.   
En la tarde de aquel día, los líderes de la Unión de cristianodemócratas y socialcristianos de Baviera –CDU-CSU– y del Partido Socialdemócrata –SPD– de Alemania acordaron iniciar negociaciones para formar una gran coalición de gobierno.  
En este país, la primera economía europea con datos envidiables, esos partidos, distantes ideológicamente, aparcan sus diferencias, anteponen los intereses de la nación a sus intereses partidarios y se unen por tercera vez para formar un gobierno fuerte y estable que consolide las conquistas alcanzadas. Es el modelo alemán.  
Mientras esto sucedía en Alemania, esa misma tarde del jueves en Galicia concluía el debate sobre el estado de la autonomía y, después de tres días de discursos y debates, los cuatro grupos políticos del Parlamento se levantaron de sus escaños sin alcanzar el consenso nada más que en dos propuestas muy sectoriales. De las otras cincuenta y una solo ocho obtuvieron el refrendo de más de un grupo y las cuarenta y tres restantes fueron aprobadas con los solos votos de la mayoría absoluta del partido gobernante.
De nuevo quedó patente la imposibilidad de pasar del discurso político teórico al consenso, triste balance de un debate que, una vez diagnosticados los problemas, debería servir para acordar entre todos al menos algunos remedios para hacer frente a aquellos más acuciantes, como el paro, por poner un ejemplo.
No tienen perdón de Dios, editorializaba este periódico. Y no tienen perdón ni los que apoyan al Gobierno, ni la oposición –en una encuesta reciente suspenden todos– que, al contrario que en Alemania, se enrocan y son incapaces de ceder un ápice en sus posiciones, no ya para gobernar juntos, que no es el caso, sino para llegar a los “acuerdos de país” que requiere la situación económica de emergencia. Es el modelo político gallego.   
 Fue un debate largo e improductivo. Por cierto, ¿cómo se medirá la productividad de los diputados? Tampoco es políticamente correcto preguntarlo, pero estos resultados del debate ¿no se alcanzarían igual con unos cuantos diputados menos, como dice una de las propuestas aprobada también sin consenso?

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