Una moción aclaratoria

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TRANSCURRE tanto tiempo entre moción de censura y otra –esta es la tercera en casi cuarenta años– que es fácil olvidarse de que son un rollazo; mucho más que un debate de investidura. De todas formas, la jornada de ayer resultó clarificadora en varios aspectos. Por ejemplo, en lo duro que tiene que ser despertarse cada mañana con Irene Montero al lado. Así de buena mañana sin ni siquiera haberse quitado la legaña, ya está enfadada ¡y menudos aullidos pega! Y además habla sin parar. Quedó también claro que Pablo, antes Pablo Manuel, “Viva la Gente” Iglesias quiere gobernar España, pero una España muy rara, pues él mismo reconoce que Cataluña, el País Vasco, Navarra y Galicia, si les da la gana, tienen el derecho a pirarse. Incluso, si se ponen, Aragón y Andalucía también se pueden marchar. Cómo sería la cosa de ridícula que los populares ya se lanzaron a pedir el regreso de Íñigo “El niño de San Ildefonso” Errejón. El pobre para evitar la lapidación morada tuvo que tuitear: “Si esto os aburre, imaginad 21 años y un día en Soto del Real. Atended, atended a Irene”. Siberia aún queda lejos.

Una moción aclaratoria