PROHIBIDO DORMIRSE

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No faltan los comentarios de los analistas políticos de turno sobre el estado de debilidad del régimen de ese, por lo que es más que evidente, ridículo reyezuelo de Corea del Norte, Kim Jong-un, que se deriva de la purga del estamento militar y administrativo del país. Situar en el ámbito de la política las decisiones de quien, a todas luces, si de algo da muestras es de debilidad mental, se acerca al esperpento. Con ejemplos sobrados en la historia a los que recurrir, el pequeño “querido líder” ha tomado sin duda buena nota del método de ejecución que algunos ejércitos decimonónicos reservaban para los traidores o los desertores, a los que ataban a la boca de un cañón. Añadido a tal supuesta traición el “agravante” de que su ministro de Defensa se durmió ante su presencia, da la sensación de que el susodicho es un encomiable aficionado al cine, ya que el tiempo para la lectura lo debe de reservar para todos y cada uno de los tres o cuatro libros diarios que escribía su progenitor, Kim Jong-il.
Lo digo por aquella escena de “Los Vikingos” de Richard Fleischer en que lobos, o perros, devoraban a una de las víctimas del despiadado enemigo de Kirk Douglas y Tony Curtis. La escena, comprensible en el mundo despiadado del siglo VIII, es la que inspiró idéntica ejecución del que fuera mentor del aspirante a ídolo patrio y de la humanidad, en un ejercicio de plagio, teniendo en cuenta que estaba casado con la hermana de su padre, que recordaba la decisión inquebrantable de Adolf Hitler de ejecutar, en medio de la histeria y el ridículo de sus últimos días, al marido de la hermana de Eva Braun, que por cierto poco se esforzó en buscar clemencia, obnubilada por su paranoico amor. Esto de dormirse es lo que tiene, porque da la sensación de que esa fue precisamente la gota que colmó el vaso de la paciencia. La humillación total, tanto de la víctima como la de su familia, es al fin y al cabo lo que busca quien, como el inefable batallón del Estado Islámico, se esfuerza en la búsqueda no solo de matar sino de destrozar, de erradicar todo vestigio. En Occidente, en donde son más los representantes políticos, de los que depende el destino de todo país, que hacen el sudoku, se compran trapos con la tablet o se entretienen con algún juego, que los que se duermen, el escarnio es afortunadamente la laxa pena máxima. No faltará sin embargo quien piense que, como mínimo, una colleja en la cartera dolería más.

PROHIBIDO DORMIRSE