QUE LA JUSTICIA NOS SALVE

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En febrero de 1992, hace ahora veintiún años, era detenido por la policía italiana Mario Chiesa, presidente de un orfanato de Milán después de haber recogido una “tangenti” –“comisión”–, por una concesión a una empresa de limpiezas cuyo empresario, harto de sobornos, se había puesto en contacto con la policía para pillar al dirigente del orfanato con las manos en la masa, es decir, recogiendo la “mordida”.

Una vez en la cárcel, este personaje se siente abandonado por su formación política, el Partido Socialista, empieza a “cantar” y, como consecuencia, caen otros empresarios y políticos que, a su vez, también se sienten olvidados por sus partidos y aportan más información de “tangenti” a la policía. El escándalo sale de Milán y se ramifica por todo el país con numerosos empresarios y políticos importantes sentados ante la justicia por una corrupción generalizada conocida con el nombre de “tangentópolis”, que en versión libre significa “la ciudad de los sobornos”.

Son muchos los que comparan la situación actual de España, con tantos casos de corrupción que afectan a instituciones del Estado, partidos políticos y empresarios, con lo que sucedía en Italia en los años noventa y concluyen que en este país nuestro está viviendo ahora su peculiar “tangentópolis” que, como ocurrió en la nación trasalpina, también amenaza con barrer del mapa el sistema de partidos existente y acabar con el bipartidismo que se viene alternando en el poder.

En Italia, la operación “Manos Limpias” para acabar con la corrupción no contó con la colaboración de los partidos políticos y solo fue posible por la actuación de un grupo de jueces y fiscales valientes. Tampoco aquí la clase política colabora para acabar con la corrupción. Los dirigentes se recomiendan “celeridad y contundencia” para erradicar esta lacra y siempre rematan sus parlamentos culpándose mutuamente con el tan socorrido “y tú más”.

Pero como ocurrió en Italia, la liberación de España del mal de la corrupción puede venir de la mano de la investigación de los fiscales y de la instrucción y sentencias de los jueces. Que la Justicia siga estrechando el cerco a los casos más renombrados ahora –Bárcenas, Gürtel, Urdangarín– hasta llegar al final es una señal de que el país puede ser liberado de estos corruptos por el Poder Judicial.

Ojalá que la Justicia nos salve esclareciendo la verdad que con frecuencia bloquean los políticos y sus partidos. Es el aire fresco que necesita la sociedad para limpiar tanta indecencia como hay en la vida pública.

QUE LA JUSTICIA NOS SALVE