Nos quieren calladitos

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Entre los aplausos de la “troika” por haber salvado a la banca a costa  de hundir en la miseria a miles de ciudadanos; al tiempo de conocerse los nuevos correos de Blesa, las facturas en “B” del arquitecto que remodeló Génova y el anuncio de la ley de seguridad ciudadana, Moncloa cierra el círculo y añade, a los recortes en los servicios públicos, el tijeretazo a los derechos cívicos.
Así, desde la oficina de Prensa de Mariano Rajoy se pasa de aquellas respuestas tipo “ahora no toca” o “llueve mucho” y de las apariciones en plasma al “ya diremos nosotros quién pregunta a Rajoy y cuántas veces”.
Desmantelados los servicios sociales, vendidas las joyas de la corona y situada “la familia” en puestos de privilegio (desde el presidente del Tribunal Constitucional, un reconocido militante, hasta la jefa de la Comisión Nacional de Valores, otra con carné del PP, pasando por la jefatura de Hacienda) toca otra vuelta de tuerca.
Una vez restringido el derecho a la manifestación, en marcha el proyecto de ley que “domestique” la huelga, y adquirido el camión que elimina –a golpe de manguerazos– cualquier protesta, hay que callar a los incómodos, domeñar a la prensa impertinente.
Y así no llegará al público la ingeniería contable de la Xunta; nadie sabrá que en la Diputación coruñesa se contrata a dedo y se pagan sueldos obscenos a los que son “de la familia” o que la sanidad gallega (ya puesta en almoneda por Romay Beccaría, inventor de las fundaciones) se privatiza bajo el engañoso nombre de “externalizarla”.
Que nadie investigue sobre Novacaixagalicia o se pregunte ¿por qué una empresa pública (Pemex) compra barato, barato, una firma privada y todos se ponen contentos?
¡Basta ya de pedir los papeles del Sergas en la época en que compartían Dorado y Alberto largos paseos en barco! Y, punto pelota, para el asunto de Bárcenas, las amnistías fiscales, los líos de la esposa de Urdangarín.
Tapemos de una vez el informe de Transparencia Internacional sobre corrupción, donde España jugaba en la misma liga Botswana y que echemos tierra sobre las tumbas de quienes murieron defendiendo la legalidad que troncó a tiros el golpe de Estado franquista.
Así que, queridos compañeros, nos quieren “calladitos”. Espero la respuesta de la Asociación de la Prensa coruñesa y del Colexio de Xornalistas de Galicia.

Nos quieren calladitos