CONDE ROA

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En algún momento y lugar de nuestra jerga tradicional he oído yo aquello de “no es por el huevo, es por el fuero”, o aquello otro de “la mujer del César –en este caso, el señor Conde– no basta con que sea decente: tiene que aparentarlo”.

Y bien: Conde Roa, ese señor con gafitas a lo Truman, que parece no haber roto un plato, se acaba de cargar una vajilla. Toda la vajilla de los populares gallegos. Raros son los periódicos que no han reproducido su imagen de penitente por Santiago, en la noche del miércoles santo. Y al lado de tan cristianísimo penitente, una información completísima, con un titulo denotativo. “Grave malestar en la cúpula del PP y en el propio Feijóo con Conde Roa por no avisar de su fraude fiscal”.

La fantochada del señor Conde significa un torpedo en la línea de flotación de los peperos gallegos

Conservo los periódicos, porque la vergüenza alcanza a los habitantes de Compostela. Hay un apéndice, también periodístico. Dice: “Conde Roa tiene su sueldo de alcalde embargado”. Vamos, un caballero de una pieza. Y Feijóo, ante la disyuntiva de adelantar las elecciones. Pues, anda, que con lo del señor Conde vas dado. Como diría Quevedo: “Este es conde. Si: este esconde lo que puede”.

La fantochada del señor Conde ha significado un torpedo en la línea de flotación de los peperos gallegos. Este caballero –infausto alcalde de Santiago– ha hecho oídos de mercader al primer mandamiento de Feijóo que es claro: “Mis cargos pueden meter la pata, pero nunca la mano”.

La Fiscalía no deja lugar a dudas: le acusa de no pagar “de forma consciente, voluntariamente y con ánimo de defraudar a Hacienda” 291.000 euros en concepto de un IVA, que sí cobró por la venta de 61 viviendas a través de su promotora inmobiliaria en 2010.

Dicen los periódicos que en la dirección del PP el cabreo es mayúsculo. La oposición no ha perdido comba: “Cada minuto que siga Conde como alcalde lo paga la ciudad de Santiago”, han dicho los opositores. Lo defraudado son casi 50 millones de las antiguas pesetas. Mientras, los indigentes de Santiago se pierden por las esquinas, en demanda de un trozo de pan. Todo muy edificante, señor Conde. Todo muy cristiano. Todo muy digno de un político de prestigio. Le daré una idea: ¿Por qué no se marcha usted a, por ejemplo, Papúa-Nueva Guinea? Ya sé el motivo para no irse: Allí tampoco admiten indeseables.

CONDE ROA