Malos tiempos para la lírica

|

Tenía 52 años y falleció victima de una enfermedad hepática. Lo conocí en 1982 cuando Siniestro Total se había presentado al I Concurso Rock de La Coruña; él llevaba la “voz cantante” y Julián Hernández  metía caña desde la batería.  Más tarde mantuve la relación profesional cuando, junto a Teo Cardalda, Luis García y Pablo Novoa, fundó Golpes Bajo, donde dejó ver su faceta de poeta pop que siguió desarrollando tras su separación.
Nuestra relación cada vez se fue haciendo más esporádica y volvimos a encontrarnos en 1987 cuando inició su carrera en solitario con “El Ladrón de Bagdad”, y posteriormente con la edición de “Flechas negras”, con versiones de clásicos del “soul” de los setenta. Durante un tiempo lo perdí de vista, aunque Germán estaba en activo colaborando con otros artistas y dedicándose a la composición, hasta que, tras casi siete años de silencio, volví a tropezarme con él gracias al disco “Carabás”, en el que se daba un baño de multitudes rítmicas latinas. Alternando con sus colaboraciones musicales que fueron muchas y variadas, en 2003 formó un nuevo grupo, con el nombre de Anónimos, dedicándose al mismo tiempo a otra de sus pasiones, la pintura.
En 2006 editó un  álbum de rarezas, llamado “Las canciones del Limbo”,  temas que no vieron la luz por diversos motivos. Sale de un nuevo silencio discográfico en 2012, con “Todas las pérdidas crean nudos”. Nos vemos en Madrid y hablamos del ayer el hoy y el mañana y me cuenta que ya tiene otro disco en lista de espera que se editó este año con el título de “América herida”. Activo hasta el final de su enfermedad, hoy le recuerdo en aquellos tiempos de la “movida” –de la que en su facción viguesa formo parte activa– y en la que según propio testimonio: “Había un denominador común en la música pop rock española... No había reglas… y si las había, nos las saltábamos, eso era lo excitante”. La vida nos separa y la  muerte nos une, también en el recuerdo, hermanados por el rock…

Malos tiempos para la lírica