Filosofía necesaria

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en estos tiempos secos, vacíos e inciertos; solo nos queda mantener la mente en forma para no desfallecer. Una encrucijada de caminos a ninguna parte nos invita, de vez en cuando, a vislumbrar un futuro plagado de incógnitas. Los más flexibles, es decir, aquellos que están pudiendo salvar los muebles al tiempo que medio mundo está muriendo de hambre; salen a sus balcones bajo el pretexto de aplaudir a los sanitarios para, en muchos casos, tratar de ganar adeptos en un vecindario con el que apenas tuvieron interacción  antes de la desgracia que nos regala, cada día, el maldito Covid 19. Y lo harán conectando el Karaoke, mientras tratan de travestir el rato del aplauso en una fiesta que-para la mayoría- viene cada vez menos a cuento.
A estas alturas de la película de terror, además de que quien más o quien menos tiene un conocido enfermo o muerto, el resto de la población es incapaz de cargar sus doce horas de vigilia del positivismo necesario para resistir sin doblegarse ni doblegar… y es que nuestras vidas se han convertido en un largo hastío a la espera de una buena noticia que, a fuerza de aguardarla con tanta ansiedad, parece que nunca llega.
Vivimos engullidos por una rutina de cansancio, aburrimiento, inapetencia y aletargamiento. Desconocemos cuánto durará y no sabemos hacia dónde vamos ni lo que nos espera cuando llegue una vida que de normal va a tener poco en mucho tiempo… Y, con este panorama de bofetada tras bofetada y cura de humildad tras cura de humildad, algunos nos vemos abocados a recurrir a la filosofía para tratar de proteger el raciocinio, brújula y motor de todo ser cabal.
Estamos cansados. Lo que en un principio pudo parecer una aventura, se transforma cada día en la mayor de las desventuras… y pienso en Ayn Rand, la filósofa estadounidense que decía que, para vivir, el hombre debía actuar; para actuar, tomar decisiones; para tomar decisiones, definir un código de valores y, para definir un código de valores, resultaba imprescindible ser conocedor de lo que era y de dónde estaba. Es decir, que a pesar de las circunstancias por las que nos toque atravesar, hay que tratar de no perder nunca el norte y de encontrar cierta adaptabilidad en cada situación. 
Les animo a todos ustedes a que, en estos días difíciles, mantengan a raya su cerebro. No permitan que este les gane la batalla. Lean mucho. Escuchen temas de los grandes poetas como Leonard Cohen, Julio Iglesias, Bob Dylan, Aute, Serrat o Sabina. Vean películas de esas que hacen pensar en lo divino y en lo humano y admiren interpretaciones de las que dejan huella para siempre. Aprendan de sí mismos y de los demás… Y quiéranse mucho, porque cada uno de ustedes es un ser único e irrepetible que, por medio de una buena formación emocional, puede contribuir a reconstruir este mundo roto por la enfermedad, en un mundo arreglado por la salud mental. 

Filosofía necesaria