El co-presidente y el carné de demócrata

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Un asesor de dictaduras, nostálgico de muros berlineses, admirador de un grupúsculo terrorista, el FRAP, que intentó abortar la transición democrática, cómplice de todo separatista que se preste y de todo bilduetarra agasajador de asesinos que se ofrezca y que considera a la Constitución un engendro cobarde y la califica de “Régimen del 78”, para asimilarla al franquismo, es quien nos va a dar a partir de ahora el carnet y la pátina de demócratas a los españoles. Es el vicepresidente del Gobierno, aunque lo de vice hay que ir borrándolo, pues cada vez emerge más como co-presidente, pues así se comporta, así se le otorga. Es más, es quien marca la partitura y dirige la orquesta, dejando al otro los kikirikis de gallo figurante. Es, y como tal hay que contemplarlo quien nos gobierna.

Iglesias ha establecido que todos, excepto ellos, la extrema izquierda, los separatistas y mientras les aplaudan, sus socios socialistas, somos fascistas. A esta aberración, a que los enemigos declarados de la libertad, los supremacistas, los que tienen como objeto esencial la voladura de la Constitución, acabar con la unidad de España, la convivencia, las libertades y el estado de Derecho, se presenten como los defensores de lo que quieren dinamitar, reventar y descuartizar en pedazos. Esa es la aberración desbocada a la que hemos que hemos llegado. Y unos medios de comunicación papagayos, en su jaula bien provista de chocolate y alpiste, lo expanden y jalean como verdad revelada y lo convierten en doctrina “progresista”.

Lo dijo el día de nuestra Constitución, a la que, aunque ahora la babosee, ha demostrado con hechos y palabras que odia y desprecia y en la misma fecha que el pueblo venezolano, a quien saqueaban como asesores y catecúmenos de la dictadura que los destroza y ahora jalean en compañía de esa infamia internacional llamada Zapatero, daba una lección de resistencia negándose a participar en la farsa, y hasta a recoger la comida de la vergüenza, “quien no vote no come” aunque se estén muriendo de hambre.

Lo dice quien consideró la caída del muro de Berlin “una mala noticia” para el mundo. Lo afirma quien proclamó que en una herrikotaberna batasuna que nuestra Ley de Leyes, por la que tanto se luchó y sufrió y tanto nos ha dado, era un caducado y despreciable “papelito del 78” y lo asevera quien actúa de palanganero de quienes atentaron sediciosamente y vocean que volverán a hacerlo en cuanto puedan. Y ello no solo es posible, sino que está ya instaurado y es tan sólo el preludio de lo que tales ciénagas vayan a desaguar, están vertiendo ya a raudales, sobre todos nosotros y nuestra forma de vida.

Porque hemos llegado a un estadio de indignidad social donde la mentira es premiada como el mayor valor político y la verdad se considera un delito reo de censura.

Porque hemos borrado nuestra memoria, la de la reconciliación, la del abrazo y el futuro, el recuerdo el sufrimiento y la resistencia contra el terror, la bomba y el tiro en la nuca y solo escuchamos la voz de los papagayos-almuédanos de la doctrina revelada a la que debemos someternos convertirnos o, al menos, someternos. Y si no, lo de Venezuela: no comes. 

El co-presidente y el carné de demócrata