INTENTAR SALVAR A LA SOCIEDAD ENFERMA

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No hay peor cosas que darle esperanzas a un moribundo. En el fondo eso es lo que ha sucedido con muchos españoles. El surgimiento de los llamados partidos emergentes creó esperanzas en una sociedad que agonizaba. Cercada por la crisis, la corrupción o el paro. El sistema político estaba dando sus últimas bocanas y cuando ya se le había administrado la extremaunción, surgió el milagro.
Se prometió regeneración. Un modo nuevo de hacer las cosas, pensar en los ciudadanos y trabajar para ellos. Y, los primeros pasos han sido, por decirlo de un modo muy suave, decepcionantes. Una vez conseguido el apoyo de los ciudadanos se han convertido en lo que ellos mismos criticaban. Todos los días los titulares ofrecen noticias sobre familiares recolocados en puestos de responsabilidad, rectificaciones sobre lo prometido durante la campaña, asesores pagados a precio de caviar y, por supuesto, demagogia y verborrea, mucho de ambas.
Está claro que no es lo mismo ser oposición que gobernar, pero lo tendrían que haber pensado antes de comprometerse con la sociedad que aceptó ese cambio del mundo que le ofrecían. El compromiso adquirido a cambio del voto no puede ser defraudado, al menos no tan rápido.
Hay quien quiere ver en la situación política actual cierta similitud con los tiempos de la transición. Pero eso es un grave error. Aquellos fueron definidos como unos hombres buenos que decidieron hacer política para salvar el país. Por desgracia, y sin dudar de que seguro que entre todos los políticos hay algún hombre bueno, la sensación que tiene el pueblo es que ese grupo está conformado por unos trepas, especialistas en vivir en los sótanos de los partidos y capaces de obtener un beneficio económico de cualquier tipo de situación.
Cualquier intento de paralelismo, por lo tanto, es un espejismo, una vuelta de tuerca demagógica. Además, en aquella época, la sociedad venía de cuarenta años de dictadura. Cualquier cambio, por pequeño que fuera sería a mejor. Ahora, tras cuarenta y un años de democracia, el pesimismo se ha apoderado de los corazones de los ciudadanos, que ya casi ni aspiran a tener representantes decentes.
Y lo peor es que en este caldo de cultivo suelen proliferar las bacterias ideológicas, esas que son capaces de infectar hasta la muerte cualquier cuerpo social. Lo mejor es que todavía no se llegó a ese estadio, pero se está muy cerca. De todos depende evitarlo, y desde luego no se va a conseguir si los unos pretenden seguir como hasta ahora y los otros no son capaces de romper con la herencia recibida. Por su parte, al resto, nos queda ver y observar para luego, en su momento, actuar en consecuencia.

INTENTAR SALVAR A LA SOCIEDAD ENFERMA