El Gobierno se lava las manos

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Ante el crecimiento de infectados por el covid 19, de las hospitalizaciones y de la cifra de fallecidos uno se pregunta: ¿hasta dónde piensa llevar el Gobierno su distanciamiento del problema? ¿Cuánto tiempo piensan seguir alimentando la idea de que la cosa no va con ellos porque las comunidades autónomas tienen transferida la sanidad?  Que cerca de setenta mil españoles hayan perdido la vida en los últimos once meses, ¿no es razón para que Sánchez abandone el pedestal, acuda al Parlamento y sí hay que ampliar el estado de Alarma o el horario de los confinamiento, lo explique y lo solicite a la Cámara? 

A los ciudadanos que han perdido a un familiar o tienen a otro en una UCI les trae sin cuidado la disputa competencial. Acertadas en opinión de algunos epidemiólogos que vinculan la llamada “tercera ola” a las alegrías navideñas. Sin olvidar que Sánchez anunció que habíamos doblado la curva de contagios lo que unido al exceso de propaganda que acompaña la llegada de las vacunas, indujo al personal a relajarse. Por el camino de la descentralización, el Estado de las Autonomías ha rendido buenos servicios al país. Pero ante una amenaza como la que supone la pandemia evidencia sus limitaciones. La ausencia de una dirección única habría evitado las órdenes y contraórdenes que han generado el desorden actual. No es lógico que el ministro de Sanidad y candidato a la “Generalitat” que se ha convertido en una suerte comentarista de la pandemia pretenda convencernos de que las medidas en vigor son suficiente para frenar la expansión del virus. Hay comunidades que superan la tasa de contagios de los peores meses de 2020. Y, sin embargo, desde La Moncloa que parece más una agencia de publicidad que a la sede de la Presidencia del Gobierno, intentan convencernos de qué la cosa está controlada y no son necesarias nuevas medidas restrictivas como, sin ir más lejos, están adoptando en Francia y Portugal.

La renuencia de Sánchez a acudir al Parlamento va más allá de razones políticas, es una cuestión de imagen. Dar la cara hablando de los desastres que apareja la pandemia entraña un desgaste, un riesgo para el proceso de culto a la personalidad diseñado por sus asesores. Pero a los ciudadanos, salvo a los muy sectarios, la cuota de popularidad del Presidente del Gobierno les trae sin cuidado. Lo que quieren, a lo que tenemos derecho, es a un Gobierno que gobierne y encare los problemas, no uno que se lave las manos endosándole la responsabilidad a las comunidades autónomas.  

El Gobierno se lava las manos