RAJOY QUIERE SEGUIR

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Se van a cumplir tres años de la toma de posesión de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno; para muchos era la esperanza de un gestor que diera la vuelta a la crisis económica que nos envolvía. Le votaron propios y extraños dándole una mayoría absoluta que le permite gobernar sin necesidad de pactos ni consensos. Tampoco ha intentado ser el presidente de todos aceptando enmiendas o aportaciones de la oposición. Sencillamente tenía un BOE en blanco esperando llenarlo con sus propias decisiones y así lo ha hecho. Ha nombrado un gobierno a su medida y ha sido conservador en mantenerlo. Solo tres cambios: a uno lo envía a Europa y a dos los cesa por el insoportable queme que suponía su gestión.
Desde el principio se propuso que su obra sería llevar a los españoles hacia un mundo feliz y para ello debería ir rápido. Tardará en repetirse la coyuntura de una mayoría tan holgada que permita hacer los cambios deseados. No son los que iban en su programa electoral, ni los que necesitarían la inmensa mayoría de los ciudadanos, sino los que se ajustan a sus principios. Así empezaron los recortes, en sanidad, en educación, en las pensiones, con la exclusión y copago de medicamentos o desmantelando la ayuda a dependientes. Todo acompañado de una imponente subida de impuestos, una reforma laboral que genera cada vez más paro y más precariedad y un recorte de libertades consumado antes de fin de año.
Con motivo del día de la Constitución, el presidente quiso mandar a un mensaje a los ciudadanos: ¡Tranquilos que sigo! El próximo 2015 es año electoral y casi como un mensaje navideño anuncia la buena nueva, más bien para calmar a los suyos que ya estaban de quinielas que para insuflar ilusión. Y prietas las filas, encara la precampaña con el señuelo de una rebaja fiscal y alguna otra chuche que sacará de su chistera. Como en la novela de Aldous Huxley “Un mundo feliz” dividió a los humanos en castas, a un 10% le ha ido genial y rentabilizan su gestión, pero al 90% restante le ha empeorado su vida o sencillamente se la ha machacado. Las últimas encuestas pronostican su caída, y con frecuencia son un anticipo de lo que dirán las urnas. Cuatro años inolvidables y una herencia difícil de digerir.

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