Planificación radial

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¡En menudo galimatías nos hemos metido! Nada más y nada menos que ordenar el caótico tráfico de nuestra ciudad. Los mareados patos municipales han dado en la feliz idea que todas las líneas de autobús urbano partirán de la plaza de Pontevedra. No se repara en los inconvenientes y trasbordos que sufrirán nuestros convecinos. Ese será un problema para los afectados y no el del tráfico paroxístico para los planificadores de líenas ortodoxas al más puro lenilismo, capaz de organizar un tráfico rodado sin accidentes; bolchevique y anticapitalista para combatir a tanto burgués disfrazado; curas come niños y mujeres libres –“hijos sí maridos no”– esclavizadas por un sistema tiránico.
Hemos nombrado la soga en casa del ahorcado. Va de muchos años que lo del tráfico coruñés no funciona. A partir de la producción del “600” en la dictadura franquista, “haigas” conducidos por choscos emigrantes a los cuales los dólares les chorreaban por las corbatas, democracia sobrevenida sin un sitio para aparcar, etc. etc. 
Hasta hoy las cruzadas emprendidas para racionalizar el paso de vehículos han fracasado ruidosamente. El Ayuntamiento lo quiere, entabló mil batallas, ensayó mil pruebas, pero al final, como en las cruzadas, el correcto encauzamiento del tráfico quedó en manos de quienes aparcan en doble fila, ocupan aceras y pasos de cebra, aumentados a la sazón por motos, bicis y patines que invaden las aceras y marchan por direcciones prohibidas.
Debe de ser un problema irresoluble. Un manto de Penélope que cada día apila nuevas dificultades. El enigma de la Esfinge que nadie acierta a descubrir. Y así se nos cuela el bueno de Heráclito y su idea de oposición y conflicto. La velocidad y la prisa. Viven su urgencia y mueren en sus atascos. Son los contrastes, predicados que se contraponen aplicados a distintos objetos. La fluidez del tráfico es buena para los vehículos; sin embargo, para los peatones es incómoda y peligrosa...

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