¿Residencias o aparcadoiros?

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Es que esa diferencia está detrás de todos los dramas que estos días cabrearon a los ciudadanos. Pero el asunto viene de lejos. El cura Benigno Moure,  condenado por robar seiscientos mil euros a una anciana con alzheimer ingresada en una de las residencias de la Fundación San Rosendo, es un ejemplo. 

El tribunal consideró probado que entre 1998 y 2001 era culpable de apropiación indebida continuada mientras presidía la Fundación. Benigno Moure, a través de la organización religiosa, creó un imperio económico del que era administrador único de varios balnearios, gozando de contratos públicos y subvenciones.  

Su proximidad a la administración se debía a su amistad con Fraga que lo galardonó con la Medalla Castelao y la Medalla de Plata de Galicia. A pesar de la sentencia judicial, la Diócesis de Ourense y el Partido Popular montaron una manifestación para que el cura no entrara en prisión. Dos mil personas aplaudieron la proclama de Baltar, que pidió perdón para el cura condenado con el argumento de que “pudo cometer algún error pero debe pesar más tanto bien como hizo…”

El cura condenado pasó dos meses en la cárcel de Pereiro de Aguiar. Luego pasó a prisión domiciliaria y un año más tarde la Junta de Prisiones le retiró el tercer grado dejándolo en libertad. De nada sirvieron las protestas.  ¿Y cómo acabó la historia? Benigno Moure siguió presidiendo la Fundación San Rosendo durante la investigación y el juicio y lo hizo incluso hasta el año 2011 cuando la sentencia firme lo inhabilitó. Diario.Es puso el epílogo al reportaje, recogido desde este balcón, con esta frase: “como parece a la vista de los reconocimientos que recibió y sigue recibiendo, ha sido rehabilitado socialmente por el sector que siempre miró hacia otro lado ante su quebranto de la ley”.  

Residencias privadas, concertadas, administradas por instituciones públicas ¿residencias o aparcamientos? El coronavirus descubrió casos de juzgado de guardia que tienen que avergonzar a nuestros  políticos. Una mayoría de estos geriátricos son privados, negocios, fondos buitre,  y otros tutelados por las administraciones a través de conciertos que no se cumplen ni se vigilan. Ya son muchas las voces que piden incluir en “todo el paquete” de la sanidad pública, las residencias geriátricas. Que sean un derecho más de los pensionistas. Recordemos que la pensión no es un regalo  sino un derecho que hemos ganado con los años de cotización. Solo nos devuelven una parte de lo que aportamos a lo largo de treinta o cuarenta años.

¿Residencias o aparcadoiros?