UNA NUEVA TOMADURA DE PELO

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Desde luego, nadie le puede negar a la Xunta sus esfuerzos para intentar evitar que el naval gallego se convierta en un erial. Desde aquel viaje de la mano de Rajoy a México, Núñez Feijóo se ha involucrado en las negociaciones para conseguir, cuando menos, que Pemex  se comprometiera a construir dos floteles en Galicia.
Tras el acuerdo, un cambio en el Gobierno del país americano ha ido retrasando la operación que, al final, se ha saldado con la venta del 51% de barreras a la petrolera y la promesa, todavía no concretada negro sobre blanco, de que Navantia Ferrol se encargará del otro.
Y mientras la Xunta ensayaba un corrido, las pocas empresas patrias con capacidad para encargar la construcción de grandes buques optaban por hacerlos en Asia. Gas Natural Fenosa y Repsol apostaron por defender los intereses de sus accionistas y eligieron la oferta más barata.
Tras el escándalo, marcha de dirigentes del PPdeG a Madrid para exigir la cabeza de los responsables de Navantia por no haber sido capaces de hacer una oferta que compitiera con los saldos coreanos y japoneses. Extraña manifestación de hombres trajeados que sorprendió a los vecinos capitalinos, tanto por la forma como por el fondo.
Lo curioso es que parece que esa movilización fue capaz de remover conciencias y Gas Natural ha decidido construir un tercer buque organizando una especie de concurso amañado para que Navantia sea la adjudicataria. Lo que tendría que ser una grandísima noticia para Ferrol se ha quedado en agua de borrajas, después de que algún inútil con despacho en la villa y corte haya decidido que si la naviera nacional logra la adjudicación del gasero, este se construirá en Cádiz.
Lo más llamativo de esta situación es que, al menos que haya trascendido, la Junta de Andalucía no se ha preocupado lo más mínimo por que sus astilleros tengan carga de trabajo. Algo parecido a lo que ha pasado con la sede de Murcia, donde están todavía muy ocupados intentando conseguir que el submarino que llevan años construyendo para la Marina española consiga al fin flotar.
A estas alturas es que, tras la salida del casco del “Adelaide” de las gradas ferrolanas, los empleados del astillero están ya mano sobre mano esperando que llegue un nuevo trabajo y los de las empresas auxiliares se ven abocados a un paro forzoso del que no se sabe cuándo conseguirán salir.
Parece que alguien no se quiere enterar de que, más allá de las cifras de una empresa, lo que está en juego es el futuro de toda una comarca que no ha sabido o no ha podido librarse de su excesiva dependencia de la construcción naval

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