EL DESPISTE CONCEJIL

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Cada día nos dejan perplejos los concejales de cultura, abastos y urbanismo, así como el alcalde. Entran en contradicciones, cargando las tintas contra la oposición por la “herencia recibida”. Acaban de ser electos para solucionar problemas, no para crear otros con tintes del pasado. A nuestros regidores se les hace cuesta arriba mirar hacia delante, pero no les queda otra que ponerse las pilas.
El primero achaca el problema de las fiestas a la anterior corporación, cuando a él le tocaba organizarlas y respetar lo que hubiese estado ya firmado. Quizás lo más grave se haya en urbanismo, en lo que acontece con las plazas de San Agustín y Santa Lucía y por último la apertura de la zona de obras de La Marina. El edil amenaza a la Junta del Puerto con un plazo de diez días para que presente la licencia municipal de obras de La Marina, cuando el promotor es el Ayuntamiento. Esta licencia no existe, porque la obra es promovida por el consistorio, que, a su vez, se hace cargo de la mayor parte del presupuesto y la financia la propia Junta del Puerto, a la que el consistorio le debe diez millones. Negándose a la recepción de una obra ideada por el Concejo coruñés. La polémica está servida, pese a que después de algún riferrafe se abrió el paseo, no sin acusaciones hacia una obra que nació con defecto de identidad. El concejal no se entera de lo que trae entre manos y uno por él otro la casa sin barrer.
Sobre el mercado de San Agustín no es capaz de aclarar qué pasa, se limita a decir que hay fallos estructurales y para la obra por seguridad. ¿Cómo es posible hacer una obra y llevarla a cabo como estaba y no pedir responsabilidades si la alarma es tan grande como indica, por el informe elaborado por el técnico municipal? Urbanismo tiene un problema de credibilidad, debe ampliar con datos de los hechos a que se refiere para dejar claro el motivo en que se sustenta dicho informe.
Los días transcurren y no solo se desconoce qué impacto podrá tener la compensación económica en la empresa Abeconsa que llevaba las obras por esta paralización. Tampoco se hizo público el informe de tal decisión, así como la identidad del técnico municipal que redactó el proyecto y que dejó de lado los defectos estructurales que no son solucionables mediante otra rectificación de obra, sino que es preciso volver al punto de partida y redactar un nuevo plan. Son muchas dudas las que se presentan y pocas respuestas. Los placeros no tienen constancia del detalle de las obras o proyecto del nuevo concejal, ni en qué se van a gastar 600.000 euros en el arreglo de la Plaza de Santa Lucía. 

EL DESPISTE CONCEJIL