SON OTROS TIEMPOS

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En mi juventud cuando pasaba las vacaciones de verano en la casa familiar de la aldea, una de las cosas que me hacía más feliz era acudir semanalmente a la cartería a recoger la correspondencia. Regresar dando saltos de alegría, con 6 u 8 cartas en la mano, priorizando por el remite y la letra cual seria la primera en abrir, tenia cierto suspense. Sentarte a leerlas en algún  tramo del camino, y vivir en unos minutos la presencia de la persona que te escribía, era un momento emotivo e íntimo. Ese era el contacto que manteníamos, no había móviles y en el rural los escasos y alejados teléfonos hacían inviable otro tipo de comunicación. Pero con la correspondencia epistolar muy rica y fluida, en dos carillas de letra apretada iba y venia el resumen de nuestras vidas.
Hoy afortunadamente la correspondencia se reparte a domicilio pero apenas llegan cartas personales, las que hoy recibimos, nada tienen que ver con las de ayer. Normalmente son rutinarias y contienen los recibos de la luz, el teléfono o la hipoteca. Estos siempre crecientes y los salarios menguantes, por lo que nos dan más disgustos que alegrías.  
En cambio el teléfono es ya un elemento imprescindible en nuestras vidas. Cada persona de la familia tiene el suyo, para muchos es el bien mas preciado, llegando a decir que podrían prescindir de  cualquier cosa menos del móvil. Y ahí estamos metidos hasta los tuétanos en las redes sociales, en dos o en tres a la vez y en los múltiples grupos que en ocasiones provocan divertidos equívocos. Observar como se camina por las aceras, como se cruzan los pasos de peatones centrados en una pantalla, en ocasiones con cierto riesgo físico. Es todo un poema. Pero lo más sorprendente es el silencio y la ausencia de miradas, en torno a una mesa en una cafetería o un restaurante. Incluso la pareja enamorada sentada en un banco frente al mar o en un jardín, sin que sus ojos y sus manos apenas coincidan, ya que su único punto de atención es una pantalla táctil. La pregunta es, si esto es comunicación o aislamiento, y si esta cultura nos aleja o nos aproxima de la realidad de los afectos y los sentimientos, ya que las propias palabras que los reflejan son sustituidas por símbolos tecleados mecánicamente. Ahí lo dejo.

SON OTROS TIEMPOS