Examen de conciencia

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Me preguntaba si sus señorías pero sobre todo los jefes de los partidos habrán dedicado algunos minutos a reflexionar sobre el clima insalubre que están instaurando en la sociedad a cuenta de los insultos y descalificaciones de unos contra otros. Sin embargo, en vista del tono que han utilizado durante sus mítines de fin de semana parece que la esperanza de que cambien es como creer en los Reyes Magos. Es evidente que nuestro país tiene problemas y es lógico que Gobierno y oposición mantengan discrepancias sobre la solución y que, por tanto, el debate pueda ser duro, pero una cosa es la dureza de los argumentos de fondo y otra que el único argumento sea el insulto.

Tiene razón Carmana cuando asegura que los discursos de los políticos son “simples, infantiles y teatrales”. La alcaldesa de Madrid se queda corta al enjuiciar como se las gastan nuestros políticos. Algunos han convertido la sesiones parlamentarias en un esperpento. Luego se extrañaran del desafecto de muchos ciudadanos hacía la clase política. La falta de respeto que se profesan algunos grupos políticos, la mala educación de la que algunos diputados hacen gala, la ausencia de argumentos a la hora del debate que se suele circunscribir tan solo en insultos, lo único que provoca es desazón y hastío en la ciudadanía.

Y no basta con que Sánchez tuitee compungido que hay que pedir perdón por el espectáculo del otro día en el Parlamento, si al minuto siguiente algunos de los suyos, y él también en otras ocasiones, se dedican a señalar a sus adversarios, léase PP y Ciudadanos, diciendo de ellos que son poco menos que fascistas.

De la misma manera que desde el PP y Ciudadanos tampoco se quedan cortos al buscar por dónde desprestigiar al Gobierno. Una cosa es la confrontación de ideas y programas y otras el insulto fácil y zafio al que parecen dados unos y otros. Estas actitudes repercuten en la normal convivencia entre los ciudadanos. Se lo deberían de pensar dos veces antes de seguir por la senda del insulto y de las palabras gruesas.

Examen de conciencia