Sin escúpulos

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Sí, ya lo se. Claro que hay individuos que se aprovechan de la situación de crisis y de la necesidad de otras personas. Siempre los hubo, los hay y los habrá. Es muy difícil controlar a estos “personajes sin escrúpulos” que se benefician de la buena fe de las personas. Además, en muchos casos, envidian la miseria de los demás, lo poco que tienen. No soportan ver a las personas que vivan con dignidad. Para estos individuos el fin justifica los medios. No hay que criminalizar a los pocos eruditos, también hay empresarios, autónomos, empleados cualificados, amas de casa, intelectuales. Nadie está libre de esta “enfermedad” de falta de solidaridad y de compromiso social. Se miran en el espejo y no ven nada más que su bienestar personal. Si pueden no lo piensan dos veces. Lo más importante es vivir a costa de lo público Ejemplos sobran: tienen una buena pensión y siguen trabajando en la economía sumergida. 
Aprovechan la amistad con el facultativo o el farmacéutico de turno para llevarse medicamentos gratuitos para otros países, donde mantienen su residencia temporal y donde sí tendrían que pagar las medicinas. Prefieren no optar y rechazar un trabajo digno y adecuado a su formación para seguir en el paro y percibiendo las prestaciones económicas. Enganchan la corriente eléctrica al alumbrado público, no porque carezca de ingresos, sino para  derrocharlo en iluminar excesivamente la piscina y los alrededores de su “mansión”, sin coste alguno. Prefieren llevarse alimentos en exceso, donados por algunas entidades benéficas, para luego despojarse de ellos, tirándolos al contendor. Escapan de sus obligaciones, como progenitores, para no pasar la pensión por alimentos a los hijos o pareja, trabajando en empresas piratas. No paran de solicitar la asistencia jurídica gratuita para denunciar a todo lo que se mueve, una vez han pasado sus bienes a nombre de familiares. Por suerte, estas actitudes no son demasiado frecuentes pero se dan y cualquier de nosotros conocemos o escuchamos hablar sobre este tipo de situaciones. Lo que más llama la atención es que aún, estos “personajillos” se jactan de sus acciones, creyéndose muy inteligentes, desconociendo lo que es la empatía. No saben que el daño se lo están haciendo al resto de la comunidad en la que viven. Por eso tenemos que pararles los pies y tratar de poner estos asuntos en manos de los organismos y autoridades correspondientes. Ya está bien de que se sigan riendo de los demás.

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