EL HOMBRE JUSTO

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El vos coloquial porteño se hace “nosotros” cuando Jorge Bergoglio afirma “que la obra maestra del Señor es el hombre”. ¿Será, efectivamente, esta insignificancia una creación de amor? Los judíos dicen en sus libros milenarios que Yavé Dios es el primer alfarero, pues modeló a Adán con barro. No obstante, convendría hacerse la pregunta fundamental, ¿existe o no?
Los apologistas –entre otros, Tomás de Aquino con sus vías de conocimiento, Descartes con su duda metódica y Pascal profundizando en el corazón para hallar razones que la razón no comprende– intentan inútilmente superar un problema de fe. Tipo Pablo camino de Damasco o Cioran testificando que la música de Bach constituye fundamento básico para demostrar su existencia. Lo demás son milonga.
Así, al filo de las últimas hojas del calendario que anegan tristeza futura frente al porvenir nostálgico, repaso cuanto representa lo que hemos dado en llamar hombre, criatura enigmática que primero camina a cuatro patas, después a dos y posteriormente a tres.
Y es que el hombre, pese a tantas excepciones confirmadoras de la regla, es más digno de admiración que de desprecio, cambiando la soberbia por humildad y el odio por abnegación hacia los semejantes.
Derechos y deberes exigibles a nuestra naturaleza, dado que siempre que se mata a alguien –en nombre de la libertad o sofismas parecidos se blasfema. Camus está ahí con su centelleante sol mediterráneo. También corre tras la aventura Sábato: “Uno se embarca hacia tierras lejanas, o busca el conocimiento de hombres….; después se advierte que el fantasma que se perseguía era uno mismo”.
Aleccionando observo la última hoja que rueda de 2013 y con son de tango me pierdo en los suburbios de mi alma arrabalera oyendo la voz que me avisa: “el hombre religioso íntegro es llamado el hombre justo, lleva la justicia hacia los demás”.

EL HOMBRE JUSTO