DE PENITENTES Y COFRADES

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Dice el diccionario que penitencia “es la virtud moral que mueve al dolor y al arrepentimiento por los pecados cometidos y la firme resolución de no cometer más”. Aquí el caso es que los que cometen los pecados siguen a lo suyo (cuatro millones, cinco millones, seis millones les suena) y somos nosotros los condenados a la penitencia. Somos los penitentes y sufrimos los recortes, las desigualdades, las leyes injustas, la corrupción, la maldita política perpetrada por la Europa de los mercaderes y un amplio etcétera…
Y la cofradía que nos manda está de desfiles en nombre de la fe, esperanza y caridad. Ellos, que nos han hecho perder la fe cada día que nos asomamos al periódico para enterarnos de que Patrimonio Nacional destina generosas subvenciones a congregaciones religiosas (340.000 euros por misas en el Valle de los Caídos) y, según algunas encuestas y declaraciones, a perder la esperanza mientras gastamos nuestra caridad enmendando las injusticias de este mundo donde te cuentan que “desde Eslovaquia a París circulan las armas de los traficantes, de los yihadistas”, pero sí hay fronteras para los que huyen de la guerra, del hambre, de la miseria…
Esos son los verdaderos penitentes, la cofradía de los pobres, el grupo de los desheredados, los que desfilan por la vida con la cruz a cuestas y aguantando un verdadero calvario. 
Mientras, toda la enorme energía que nació en las calles y plazas de España, impulsada por la ciudadanía, que parecía una marea que arrastraría hasta el mar a los cuatro jinetes del Apocalipsis, no se solidifica en un gobierno que haga realidad tanta esperanza.
Y ahí tienen a los unos de rogativa por Europa para pedir allí que desde Grecia, el señor Tsipras, una víctima de los mercaderes, le ayude en este viacrucis camino a Moncloa. Y están los otros (que verdaderamente son los hunos, por lo del saqueo), junto con los del medio y los de la esquina que no se arrejuntan, a pesar de estar rompiéndose contra las esquinas y acantilados. 
En estas, Romay Beccaría, llamado el Obispo en los mentideros madrileños, al final de una comida en el reservado de “El Luarqués”, –cuenta el digital Vozpópuli– postuló a Feijóo como sustituto de Mariano. Dicen que el pio presidente del Consejo de Estado había bebido solo lo justo, por lo que el personal, por si las moscas, espera la “resurrección” de Rajoy una vez pasados los desfiles procesionales.

DE PENITENTES Y COFRADES