Tengamos la cena en paz

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Si ayer se repartió la jornada entre el dinero (lotería premiada) y la salud, recurso para los que no cazamos ni la pedrea, este es el día que acaba al llegar la hora de la cena en un ambiente festivo, de broma y villancicos, aunque el número de presentes haya disminuido por culpa del maldito virus.

Aun así hay que recordar algunas normas para no romper esa paz: no hablar de política, de fútbol o de los ausentes. Y si pone la tele para seguir el real discurso,  después pase a un programa infantil pues los informativos le indigestarán la cena: uno de cada diez hogares tienen problemas económicos.

Hay ciento setenta mil hogares en España aumentan las familias vulnerables y según la propia administración pública reconoce que en ciento setenta mil hogares con menores a su cargo, tendrán esta noche problemas para hacer un menú. Vamos como para cantar que los peces beben en el rio o para que un master chef te enseñe a destripar un pavo o te recuerde el precio de las angulas.

Pero como usted me está leyendo ahora si podemos intercambiar las  ideas y discusiones que esquivaremos luego en la mesa.  

Por ejemplo está el asunto de la eutanasia que tanto lío provocó entre sus señorías en el Parlamento como en la calle. Y es que buena parte del personal confunde la libertad con  el derecho a mantener cada cual sus creencias. Más fácil: nadie te obligó al divorcio ni nadie puede imponerte la muerte digna.

La presidenta  de la comunidad madrileña se empeña en mezclar las cosas cuando en nombre de la  “civilización occidental” avisa contra la pérdida de la raíz espiritual en estas fiestas. La señora Ayuso quiere imponer su criterio a los demás. También contra todo criterio se montó ese hospital-hangar que ya de entrada lleva doblado su presupuesto. Aquí no se impone nada. Se abren puertas que antes estaban cerradas Es obligatorio el pago delos impuestos y la obligatoriedad de respetar el código de circulación.- Y es conveniente el respeto a los demás.

 Al diferente. Tanto esta noche como a diario y eso lo tiene que saber muy bien la presidenta madrileño pues, precisamente por el ejercicio de su código espiritual, hay que dar de comer al hambriento, de beber al sediento, etc. etc.

 Felices fiestas. Hasta Reyes que abriremos de nuevo el balcón.

Tengamos la cena en paz