La Carmiña

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Todavía no doy crédito a las manifestaciones vertidas la pasada semana por parte de la coordinadora gallega de Esquerda Unida, Yolanda Díaz, en relación a la intención de su compañera de formación de acceder al escaño autonómico que por número y derecho le corresponde por la provincia de Orense.
La lideresa comunista le advirtió a Carmen Iglesias, y cito textualmente, “va a ser muy duro lo que va a vivir en el Parlamento” y a continuación que “ni a la persona que peor relación tuviese con ella le deseo lo que va a vivir”.
Estas declaraciones son una clara apología del mobing laboral, al margen de constituir un grave atentado a la dignidad de la mujer. Si esta idea la hubiese sostenido un diputado popular de sexo masculino, ya tendríamos montada una fortísima campaña contra él por parte de las asociaciones feministas, las de gais y lesbianas, juventudes nacionalistas y hasta de los amigos ecologistas, que suelen pasar por ahí. La dimisión sería solicitada de inmediato y los dirigentes del PP hubiesen obligado a su compañero de formación a pedir disculpas públicas para evitar males mayores.
Pero amigos, resulta que estas desafortunadas declaraciones las ha protagonizado una mujer que además presume de ser más roja que la sangre de toro regada con un buen Ribera del Duero, y he ahí que ahora las feministas se encuentran de vacaciones, las mocedades nacionalistas están remendando los carteles de Nunca Máis y los ecologistas están muy ocupados contando el número exacto de cucarachas marinas que habitan en las dunas de Doniños.
Pero no se preocupen que para eso estoy yo aquí cada semana; para meterles el dedo en el ojo de su incoherencia y retorcérselo un poquito más, literariamente hablando por supuesto. Si estas amenazas se dirigen contra una compañera de formación ¿Qué nos podemos esperar los ciudadanos?
El único pecado de Carmiña ha sido presentarse como número 2 en una candidatura y reclamar su derecho a ocupar el puesto vacante por el número uno. Ahora su propia formación le niega tal derecho y de paso engaña a los votantes de la coalición AGE de la provincia de Orense, a quienes no se les consultó previamente sobre un pretendido y oculto pacto entre la propia señora Díaz y el señor. Beiras, que vaciaba de contenido el orden de las listas electorales aprobadas por ambas formaciones.

La Carmiña