La ciudad se cae a pedazos; ojalá fuese una metáfora

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A los coruñeses nos invade, de un tiempo a esta parte, una preocupación que el cielo caiga sobre nuestras cabezas. Cuando trazamos las líneas rojas de un hipotético acuerdo para negociar un punto de encuentro con la Marea había dos trazos gruesos infranqueables: la reparación de la cubierta de Riazor y el desbloqueo de la antigua cafetería El Remanso.
El tiempo nos da la razón. El del reloj que marca las horas y el meteorológico. Han pasado dos años desde que el anterior Gobierno municipal firmó el contrato de las obras para la reparación integral de la cubierta de Riazor. Ahora padecemos el ridículo y la vergüenza de vernos reflejados en el espejo de los medios de comunicación de toda España por culpa de un alcalde incapaz de ejecutar ni siquiera lo que le vino hecho. No nos cansamos de pedir explicaciones. No nos vamos a cansar. Hemos vuelto a preguntar por los informes independientes que avalaban la reparación inmediata de la cubierta y evitaban la indefinición a la que estamos condenados. Nada de nada. 
A Coruña tiene ángel, es evidente. Un Ángel de la Guarda, en concreto. Ese que vela para que no suceda una desgracia. El mismo que vigila para que nadie pase por la pérgola del Remanso cuando su tejado se desmorona. El que desata la furia del viento de madrugada, y no con 26.000 aficionados en las gradas del Estadio. 
Pero el señor Ferreiro se aprovecha. Tienta su suerte, que es la de todos los coruñeses. Deja correr las oportunidades mientras la ciudad se deshace en cascotes ¿Qué tiene que ocurrir para que dimita? ¿Tendrá que venirse abajo la Torre de Hércules? Pues igual ni así. Al máximo responsable de este estropicio no le duele la ciudad. No le duele que el presidente del club que lleva nuestro nombre y nuestros colores por todo el mundo tenga que admitir que tenemos las peores cubiertas del fútbol español. Tampoco le dolería que el viento se llevase el Obelisco, el castillo de San Antón o la plaza de María Pita entera. En la parte trasera del coche oficial, caminito de Balaídos, los dolores son cosquillas.
La ciudad se cae a pedazos. Ya no es una metáfora. Ojalá lo fuese. Es la realidad. Somos el hazmerreír de España. Tenemos reservado un hueco en primera página, pero nunca en el rincón de las buenas noticias. Andamos vivos para las nimiedades y no tenemos ni presupuestos, ni proyectos, ni aliados. Vamos a la deriva, sin rumbo y con el capitán preso de su propia incompetencia. Es una cuestión de confianza. No el paripé con el que el alcalde pretende su patente de corso. De confianza de la de verdad. La del vecino al que le dejarías la llave de tu casa en tu ausencia. A Coruña ya no confía en su alcalde. Una pena.
* Rosa Gallego es portavoz municipal del PP.

La ciudad se cae a pedazos; ojalá fuese una metáfora