Se montó el belén

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Como cada año el Ayuntamiento monta un original belén, donde, entre las tradicionales figuras del Niño y sus papás, el ángel y los pastores, aparecen persoeiros de “sona” de la vida pública. Pero este año, palabra, ni Herodes ni los Magos de Oriente pudieron competir con el verdadero rey: Francisco Vázquez y Vázquez, que durante tantos años fue alcalde de la ciudad, y que vuelve ahora con unos kilos de más –la vida municipal es un esforzado servicio a la comunidad– y los entorchados de gran gala de embajador en la Santa Sede. Hay quien contó las medallas de su ilustrísima (¿o excelencia?) y quien sumó los gastos de mostrar su egregia efigie en el salón noble. Pero ¿será por dinero? Ya nos imaginamos que el retrato de Losada iba a ser más barato y ¡es que Paco estuvo 23 años al frente del navío y con el apoyo de una fiel tropa que le dio la mayoría absoluta!
Fíjense cómo serán las cosas que la presencia del exregidor, al que esta última etapa le veíamos en las teles, levantó más ruido que el asunto del águila en el techo de María Pita. Y por si todo esto fuera poco entre los ilustres invitados estaba el señor alcalde de Vigo que en su día –como ministro– fue recompensado en ese propio salón de actos con un noble reconocimiento.
El asunto es tan trascendente, el sucedido es de tal calado, que los ediles de la oposición dejaron sobre la mesa propuestas y sugerencias por no hacer sombra al homenajeado y sus invitados. Fue una jornada hermosa que compendia el espíritu navideño. Ciertamente el retrato –oye una pintura preciosa– retrata perfectamente al posado, en feliz frase de Consuelo Bautista en su enjundioso editorial, donde pintó con fino estilo el paisaje y paisanaje que rodeó el acto.
Pero no querría yo, en este día que acaba con la noche buena por excelencia, acordarme de otros magos que estas jornadas alegran la vida de nuestros convecinos que peor lo pasan. Los voluntarios que recogen alimentos para que todos tengan una noche verdaderamente buena; la tropa que alegra la estancia de los niños en los hospitales, las empresas y fundaciones que ayudan en la infraestructura que trae paz, alegría y solidaridad. Nuestra querida Cocina Económica y tantos y tantos héroes anónimos que montan, en nuestro corazón, la mejor representación del belén. Me atrevo (lo hacen los políticos y nos aguantamos) a, en nombre de todos mis conciudadanos, darles las gracias.

Se montó el belén