La manada

|

El concepto “manada” se ha atribuido siempre al mundo animal. Porque son los animales los que se agrupan en manadas. Nosotros, los humanos, nos agrupamos en torno a amigos que elegimos, a la familia que hemos decidido crear. Nos agrupamos en torno a intereses que compartimos con otros. Es verdad que los humanos nos podemos convertir o formar parte de la “masa” que es ese ente que ni piensa, ni critica y ni siquiera duda, pero la manada no es algo previsto para los seres racionales.
Desde que saltó a los medios el apodo del grupo que supuestamente violó en grupo a una joven en los sanfermines, la primera reacción fue de horror. Horror al pensar en lo que pudo sufrir esa joven a tenor del relato que se han ido conociendo de los hechos. No hace falta llegar a la violación para que cualquier ataque a la libertad sexual de las mujeres resulte un acto de profunda indignidad por parte de quien o quienes lo cometen, un ataque directo al preciado bien de la libertad, una herida en la intimidad y en la dignidad de la mujer. No es algo con lo que se puedan hacer bromas ni tener manga ancha: todo aquello que una mujer no elige libremente es un ataque directo a su ser más profundo.
El juez ha tomado todas las precauciones necesarias para que la víctima no lo sea por partida doble. Y lo hubiera sido si se hubiera dado publicidad a la vista judicial, si no hubiera entrado en la sala bien protegida y si hubiera tenido que ver cara a cara a sus presuntos agresores; es decir, “La Manada”.
Los integrantes de este grupo, que incluso tuvieron el cuajo de grabar un vídeo en el que dejar constancia de su macabra e insoportable heroicidad, tienen ya un historial nada edificante y ahora, cuando están delante del juez, quizás caigan en la cuenta de que las responsabilidades penales no se comparten. Son siempre individuales. Desaparece el carácter grupal de la manada y es en ese momento cuando los que van por la vida de matones considerando a la mujer como un trofeo se encuentran con sus propias miserias. Los que tenemos la suerte de tener grupos de amigos, una familia o intereses compartidos con otros sabemos que cuando alguno falla es inevitable cierto sentimiento de pérdida e incluso de orfandad, pero antes de que esto ocurra nos sabemos individuos libres e iguales. Se crea dependencia afectiva, pero no pantallas para aparentar ser más fuerte que nadie. Son los débiles, los cobardes los que “desaparecen” en el grupo y entonces es cuando se produce la “manada”. ¡Que fácil es atacar a alguien en compañía!.
Habrá que estar a la espera de la sentencia, pero hay que estar muy alerta y elevar los niveles de exigencia desde la infancia y en la adolescencia. Es en esta etapa en la que las mujeres deben tomar conciencia de su propia autoestima y no consentir ni media broma y ellos, los chicos, asumir con claridad que la mujer no es un trofeo, ni un pañuelo de usar y tirar, ni un ser inferior al que se puede hablar y tratar de cualquier manera. Casi a diario tenemos un parte de malos tratos, de hombres despiadados que son capaces de hacer daño a los hijos para hacer daño a su madre. Saben que es donde más duele. Invertir en educación es la única receta que a medio o largo plazo puede dar resultados.

La manada