Filomena Trump

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Las borrascas pueden ser de muchos tipos. Y recibir nombres peculiares, desde Filomena hasta Trump, que son las dos que ahora están de moda. A veces pueden incluso dejar muertos a su paso. Pero tienen una cosa buena: pasan. Se van. Como Filomena, que ha dejado algunos campos cubiertos de blanco. Como Trump, que ha dejado a su país cubierto de vergüenza. A Filomena le van a seguir cielos azules. A Trump le va a suceder una esperanza de regeneración liderada por gentes sensatas, a las que horrorizan -igual que a usted o a mí- esos esperpentos golpistas disfrazados de bisonte. Con esto quiero decir, ahora que nos adentramos en el primer mes del nuevo año, que quizá 2021 no vaya a ser un año tan borrascoso, al fin y al cabo: nos estamos vacunando de espantos.

La penúltima patochada del tipo del asalto al Capitolio la vivimos los españoles hace ya cerca de cuarenta años (se cumplirán el próximo 23 de febrero). Se escribió y se habló mucho de aquella locura que implicó el secuestro durante una tarde-noche de los parlamentarios, pero yo diría que el 23-F es ya un capítulo bastante olvidado de nuestra Historia. Y fue, lo dijimos entonces y se ha demostrado sin género de duda, una eficaz vacuna contra ese golpismo militar que ahora se reduce a una cuadrilla de ex, repudiados por sus compañeros de armas, que ríen la gracia de un tipo que dice que habría que fusilar a veintiséis millones de españoles. Pues eso: cuando la Administración Biden empiece a funcionar de acuerdo con criterios razonables y de sentido común, ese gran país que, pese a todo, son los Estados unidos de América, se habrá vacunado contra los hombres-bisonte y los horteras malignos de pelo naranja.

Así, ‘vacuna’ es la palabra de la esperanza en muchos sentidos, lo mismo que el término ‘borrasca’ puede serlo en muchos otros. Déjenme comenzar el año con un cierto (y moderado) optimismo: siempre que llueve escampa. Tras la tempestad viene la calma. El ‘tejerazo’ es una página bufa en nuestros anales; el ‘trumpazo’ quedará para siempre ilustrado por los cuernos de ese individuo megalómano y fascista que por un par de horas se creyó líder en el Senado americano. Y en cuanto a Filomena qué quiere que le diga: miro por la ventana a la espera de que caiga la nieve y poder hacer un muñeco que perdurará más que la memoria de esta panda de locos.

Filomena Trump