El asesino anda suelto

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No abunda el sentido común en estos tiempos. A finales del pasado año apareció un virus maldito cuya misión parece ser la exterminación del ser humano, de todos, sin fronteras ni ideologías y frente ante tan poderoso adversario, la humanidad ha respondido por parroquias. 

En unas parece que han respondido mejor que en otras a juzgar por las muertes producidas. Nunca ha existido un frente común, unas directrices que seguir para defendernos. En el caso de España, se trató la cuestión como una guerra, eso decían los responsables del gobierno. No era verdad, en una guerra hay, por lo menos, dos bandos que se atacan. En el caso que nos ocupa solo hay un bando que ataca mientras el otro solo trata de defenderse. Sin vacuna, sin medicamentos, solo cabe convivir con el bicho. Por ello se confinó a toda la población dando igual si estabas infectado o no, si eras portador o no, si tenias síntomas o no. Dio igual, alguna mente lúcida pensó que, si estábamos encerrados en nuestras casas, malo sería que nos contagiásemos. 

Lo cierto es que, aún encarcelados, los contagios no cesaron y aún hoy nos cuentan cada día por miles los nuevos contagiados. ¿Dónde se producen esos contagios nuevos si estamos encerrados? Eso no nos lo cuentan, parece no ser un dato relevante o, sencillamente, no lo saben. Y, si no lo saben, ¿Cómo es posible que rompan el confinamiento? ¿Quien asume la responsabilidad y en base a que evidencia científica? 

El virus no ha desaparecido, sigue ahí al acecho. Nuestra defensa sería saber quien está contagiado y quien no, quien es portador asintomático y quien no, quien superó la enfermedad y quien no la sufrió. Sabiendo eso podríamos actuar con mayor acierto pero para hacer esto sería necesario realizar test masivos a toda la población para plantear un confinamiento selectivo y evitar así el hundimiento de nuestra economía que será otra especie de virus que matará, sin duda, a muchas otras personas. El problema es que el gobierno no lo quiere ver y así se puede escuchar al ministro Ábalos haciendo mofa de los test mientras la errática OMS proclama, tarde y mal, que hay que hacer esas pruebas de forma masiva. 

El asesino anda suelto y morirán más personas, por miles, pero el gobierno no aguanta más presión y actúa al margen de los científicos que muestran su perplejidad por actuaciones nada reflexionadas. Baste como prueba la salida de los niños corregida hasta cuatro veces o las fases estas en las que andamos ahora que no las entiende ni el más listo de los hermanos Marx, Harpo. Un boletín oficial de 1918 de la provincia de Burgos publicaba instrucciones más precisas de las que hoy nos suministran sobre otra enfermedad de la época, sin comités de sabios ni científicos de gran currículum y nulo acierto. No hemos aprendido nada y la memoria histórica que usamos no incluye la experiencia de nuestros antepasados, solo recuerda odios y rencores. Los españoles vivimos entre miedos e incertidumbres y sin ninguna certeza. Sabemos que nos darán permiso para salir a encontrarnos con nuestras familias en alguna terraza porque a casa de tus padres no te dejan ir y sabemos también que en esa salida podemos encontrarnos con el virus porque está ahí. 

Sin test, sin mascarillas para todos sin sanitarios protegidos sin información veraz, así nos vamos a encontrar en nuestras calles, a la espera de un repunte de casos que nos vuelva a encerrar en nuestras casas para volver a los balcones a aplaudir…. ¿a qué? No será a las decenas de miles de españoles fallecidos en soledad y sin lutos, ni tampoco a un gobierno cuyo gran mérito ha sido anestesiar a toda en España, supongo que para que no nos enteremos de nada. 

El asesino anda suelto