CABALLOS SOBRE TEJADOS

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En el arenal, cara al sol, frente el edificio de Hacienda –que somos todos, algunos más que otros– se adentra paralelo otro inmueble. Manolo, burlón e irónico, nos dice a los compañeros de chapuzón. “Por ese tejado he visto pasar un caballo”. Ante nuestras protestas afirmando que son trabajadores colocando una antena de televisión, él, convencido insiste. “Diréis lo que queráis, pero ahora ya veo tres: un unicornio con cuerno en mitad de la frente, un centauro saltarín y un pegaso alado como el que cabalgan las musas”. Terco, equilibrado y racional rechaza nuestros argumentos y avisa: “Tened mucho cuidado, porque también he visto correr a velocidad supersónica un basilisco”.
Cada uno se aferra a sus sensaciones. Vale el cristal con que se miran. Cual el famoso caballero que veía gigantes donde su fiel escudero contemplaba molinos. Tal sucede este verano que nos acongoja con esas nuevas fuerzas emergentes, que serían sal de la tierra y no saben administrar el poder. Una cosa es predicar y otra dar trigo. Como el cerebro maquiavélico de Errejón afirmando que España no es Grecia, tras que su jefe de filas se abrazase con Tsipras, el político populista que ha llevado al país heleno al trágico vodevil del tercer rescate. 
Semejantes actuaciones no van a ningún sitio salvo al caos e intenta, además, hacernos parias miserables para esclavizarnos mejor. La actual política de María Pita da en buen espejo sin pagar al Puerto las obras hechas en La Marina por importe de diez millones. A partir de este momento nadie contratará con el Ayuntamiento por oponerse a la responsabilidad universal aceptada por todas las legislaciones: “El deudor responderá al acreedor con todos sus bienes presentes y futuros”. Me da a mí que los animales mitológicos vistos por mi amigo Manolo causan fuertes mareos a Xulio Ferreiro y su cuadrilla, que sólo hacen eses y olvidan que los basiliscos con la vista pueden matar. 

CABALLOS SOBRE TEJADOS