PERDIDOS

|

Perdieron más de dos millones y medio de votos, perdieron el sentido de la realidad al afirmar que “habían ganado otra vez las elecciones” y perdieron los nervios en una campaña donde se embarró el campo que ellos, y por eso –entre otras cosas– perdieron el presente y tienen el porvenir, que llegará enseguida, en noviembre, crudo.
Entre eso tan gracioso de “uno de cada cuatro ciudadanos nos votaron”, en versión marxista (de los hermanos Marx) de un dirigente madrileño que no se entera que de “cada cuatro votos, tres fueron para otros”, y la ruda realidad de Rita Barberá (“qué hostia, qué hostia”), se encuentran las afirmaciones de Mariano: tal vez influyera “la corrupción de antes, que aparece ahora” sin darse cuenta que está confirmando lo que todo el mundo sabía: corruptela que les acompaña desde los tiempos de Naseiro-Aznar, donde siempre estuvo Rajoy…
Aquí, en el país de los mil rios, el gran jefe pide hacer “autocrítica” cuando parece más lógico lo de autodisolverse y volver a renacer dejando atrás tanto asco.
En Madrid, el dúo cómico “Florentinio y Casado” (versión cutre de Faemino y Cansado) explica al personal que las cosas son como son, pues “no han llegado a los ciudadanos sus medidas económicas”, cuando, también por algunas medidas económicas, el ciudadano les dio puerta. Por ejemplo, por medidas como esta “el gasto por habitante en educación y sanidad cayó, durante el mandato de Rajoy y sus mariachis un 21% y Castilla-La Mancha encabeza el recorte autonómico en políticas sociales entre 2009 y 2013”. Les “pilló” la marea al sol, en la playa “esplendorosa” que vio el embajador en Londres cuando el “Prestige” emporcó Galicia y poco antes del desastre del Yak-42.
Les superó la marea mientras un millón largo de familias españolas malvivían sin ingreso alguno por tener a todos sus miembros en paro. La marea trajo hasta la playa una cifra insufrible: cuarenta mil millones, el coste de la corrupción, maldita corrupción, que es la cantidad recortada en educación, sanidad, dependencia…
Uno de cada cuatro ciudadanos votó al PP y uno de cada cinco vive bajo el umbral de la pobreza.
Por cierto: las poblaciones de gaviotas en Vigo y A Coruña empiezan a descender después de años, según cuenta la prensa.
Están perdidos, oiga…

PERDIDOS