BANDERAS

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Vivimos días de confusión. Donde grupos de alumnos y no alumnos, padres y profesores coinciden en combatir una planificación educadora, que intenta superar los fracasos formativos anteriores, pues nos han relegado a la cola de los países desarrollados. Estos críticos por sistema –aunque sus reivindicaciones sean variadas– sin haber leído un solo artículo de la ley Wert ya pronuncian su anatema. Así soslayan el compromiso de un educador independiente para España. Comprometido a desterrar el chambergo de la estulticia y la capa de la pereza… Pero las masas se agitan y aspiran a conquistar en la calle lo que les negaron las urnas. Al precio que sea: barricadas, encapuchados, contenedores quemados, destrozos de mobiliario, coacciones y demás instrumentos al uso de los demócratas convocantes. Otra vez los tontos útiles, compañeros de viaje para estos seudo revolucionarios que si algún día alcanzan el poder les darán una patada en el culo mientras ellos disfrutarán manducatorias y serán liberados sindicales.
No aprendemos. Buscamos lo placentero y fácil y rechazamos el esfuerzo pese a ser la generación mejor preparada. Enseñas de países y banderas de facciones en manifestaciones que no deberían ser políticas. Como si comparásemos mujeres de bandera con escuálidas anoréxicas que intentasen por todos los medios conseguir la manzana de París “para la más bella”. Unas aceptando la Constitución y otras combatiéndolas con afeites y maquillajes. Banderas de la desaparecida URSS, estrellas comunistas, anarquistas, UGT, CCOO. La fracasada republicana y sus ocasiones perdidas. Guiones, reposteras, gallardetes, lábaros, pendones.
Pero al horizonte gris sucederá la reacción lógica. El padre Vitoria, Ganivet, Ramiro de Maeztu impartirán sus lecciones magistrales en aulas y claustros llenas de educandos mientras fray Luis de León repetirá su famosa frase: Decíamos ayer…

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