TRAICIÓN

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Nunca entenderé un mundo al que se le llena la boca con derechos. Cada vez que se quiere recurrir una multa, se pierde el derecho al descuento. No se protege al ciudadano, le intimida su propio Estado. Lo primero es la multa y después los derechos.
Grandes discursos, grandes derechos y el ciudadano cada vez más disminuido, acribillado, condenado a esa máxima o mínima: “Usted es culpable mientras no demuestre lo contrario”. El Estado no tiene por qué contestar, él tiene derecho al silencio administrativo.
Alguien perdió una frase mientras paseaba; decía así: “La bondad trabaja más lenta que la maldad, pero trabaja”. Esa maldad pareciera que ahora está al servicio de la administración. El aparato de Estado al servicio de la presión.
Otro ejemplo lo tenemos en esos vecinos de Madrid a los que el Gobierno de su comunidad ha vendido su vivienda pública a un fondo buitre por 68.000 euros, en vez de vendérselo u ofrecérselo a ellos. La maldad no para, es rápida, pero que venga de los “nuestros”, eso es otra cosa. Eso creo que se llama traición.

TRAICIÓN