El cambio está en ti

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la vida, ese cúmulo de impresiones, sensaciones y vivencias concatenadas, se nos presenta a menudo travestida de algo que no nos gusta y nos obliga a pelear con uñas y dientes por tratar de retornar a lo conocido, sea esto o no sea lo más conveniente para nosotros, aunque sí lo más confortable.
Nos empeñamos en dirigir nuestras vidas y las de todos aquellos cuyas trayectorias afectan a nuestro devenir. Nos afanamos en enfocar una y otra vez los acontecimientos hacia lo que conocemos, por malo que esto sea. Preferimos movernos en aquellos ambientes con los que estamos familiarizados, que bucear en las profundidades abisales del desconocimiento. A menudo queremos cambiar ciertas posiciones que nos disgustan y, para ello, nos desgastamos hasta dejarnos la piel en favor de lo que consideramos loable y necesario. Estamos seguros de que la llegada del cambio deseado hará que las cosas mejoren, sin embargo, solemos olvidar que nada mejora por sí mismo.
El aguardar una modificación a mejor en nuestras vidas es algo completamente natural, tanto como el tratar de provocarlo según el raciocinio del que cada cual haga gala; pero es muy importante ser conocedores de que para perseguir un cambio, primero tiene que cambiar uno.
Nosotros, en gran medida, somos los artífices de lo que nos sucede. Nuestros niveles de tolerancia, adaptación, complacencia o resistencia; son los que hacen factible que las cosas sucedan y que la balanza se incline más hacia un lado que hacia el otro… Pero para lograr realmente un cambio persistente es necesario mirar hacia dentro de uno mismo y modificar aquellas actitudes que pueden favorecerlo, o que creemos que lograrán conseguirlo… He ahí la importancia del raciocinio y de la perseverancia de la que cada uno haga gala.
El primer trabajo a realizar es el más arduo de todos, porque consiste en mirar hacia nuestro interior y corregirnos a nosotros mismos y nuestras pautas de comportamiento aprendidas. Por ello, son muchos los que emprenden el proyecto en cuestión y pocos los que lo logran, ya que es necesario ser perseverante en la actitud que creemos necesaria en favor de la búsqueda del cambio.
Como sucede con una ortodoncia o unas gafas correctoras, hay que sufrir primero para conseguir nuestro fin. No podemos esperar novedades si no movemos ficha en favor de que estas se generen. Nada cambiará si nosotros continuamos haciendo lo mismo siempre. Los resultados jamás llegarán si nuestra vida únicamente consiste en esperar a que los demás-como si estos pudiesen leer nuestro pensamiento- actúen exactamente como a nosotros nos gustaría que lo hiciesen.
Así que ya lo saben, si desean cambios que mejoren sus vidas, mejoren primero ustedes mismos. Sin desánimo y con la persistencia que solamente unos pocos seres humanos, acostumbrados a pelear consigo mismos en mil batallas, pueden hacer gala. Pero sobre todo, no culpemos a los demás o a la suerte de nuestras situaciones y no olvidemos que en nuestro interior se encuentra la única llave que puede abrir todas las puertas.

El cambio está en ti