Atrapados en el laberinto del Ofimático

|

Q  ue Xulio Ferreiro falte a su palabra ya no es noticia. Es costumbre, hábito y forma parte de lo cotidiano. Que trate de convertir su ineficacia gestora en reproches al prójimo tampoco nos pilla de sorpresa a estas alturas de la película. Ni la mitad del mandato ha necesitado para mancillar las esperanzas de quienes creyeron que la Marea sería la panacea y transformarlas en una estrepitosa decepción.
Con la ciudad a dos velas, la movilidad atascada, el desempleo campando a sus anchas, las inversiones estancadas y la pujanza de aquella Coruña que muchos añoramos durmiendo la siesta, no hay argumento que justifique actitudes que ya nos van costando mucho dinero. No vamos a meter el dedo en la llaga del Eidus y los más de 22 millones de euros de fondos europeos perdidos, que con un poco de suerte rectifican y acabamos rascando algo. 
No vamos a preguntar por la estación Intermodal y los diez millones de euros que están esperando en la caja de la Xunta y de Europa a que el Ayuntamiento diga, de una vez por todas, qué es lo que quiere hacer. 
Podríamos, y tendríamos para departir durante semanas. Pero hoy toca otro asunto. Hoy toca recordar el calvario que están atravesando los cooperativistas del Ofimático. Desde aquel sábado de reflexión en el que el bipartito (PSOE-BNG) firmó mal un contrato, para arañar un puñado de votos, que el juzgado anuló años después, los propietarios esperan una solución.  En el Ofimático aún no vive nadie: ni los 24 de A Carnocha cuyas viviendas están acabadas pero sin licencia, ni los 80 de Cofuncovi con sus casas casi terminadas, ni los otros 80 de la misma cooperativa que no se atreven a arrancar, ni los de Eirís Ofimático, con otras 80 esperando licencia de construcción. Más de 260 coruñeses que han pagado, pero no han obtenido todavía nada a cambio.
No es de extrañar, en un gobierno local que confunde las licencias de primera ocupación con la vía libre a la okupación. Los de la patada en la puerta son apoyados mientras los legítimos propietarios de sus viviendas pierden dinero a razón de 120.000 euros al mes, por no hablar de los 3,5 millones que les costó la negligencia del bipartito por no haber registrado las parcelas antes del 31 de diciembre de 2010.
Déjese de medias tintas, señor Ferreiro. Los del Ofimático tienen derecho a ver su sueño hecho realidad y no hay motivo alguno para no levantarles un castigo que ni se han buscado ni se merecen. El Grupo Municipal Popular va a volver a poner el asunto sobre la mesa en el pleno de mañana. 
Háganos caso. Sea valiente. Cumpla, por una vez, con su parte del trato, firmado desde agosto. Si no lo hace por defender su honor y el valor de la palabra dada, hágalo al menos por esos coruñeses que un día soñaron un barrio nuevo en el que establecerse y hacer ciudad.


*Rosa Gallego es portavoz municipal del PP
 

Atrapados en el laberinto del Ofimático