Perturbados

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es más que comprensible que al Presidente del Gobierno le causen perturbación las noticias que aparecen en torno al Rey Emérito. A muchos españoles también, con el añadido de que esta perturbación aumenta cuando concluye su declaración sin mostrar el apoyo del Gobierno a la Monarquía parlamentaria consagrada en nuestra Constitución.

Perturba a muchos españoles, comprobar cómo la sala de prensa del Palacio de La Moncloa, sede de la jefatura del Gobierno, nada menos que todo un vicepresidente, realiza una declaración, medida y estudiada, nunca vista en los cuarenta años de democracia. Perturba la declaración y perturba que el Presidente del Gobierno no se haya desmarcado de semejante intervención de manera inequívoca, con nombre y apellido como sí hizo la ministra de Defensa, Margarita Robles y la propia Vicepresidenta. Carmen Calvo fue más diplomática que su compañera de Gabinete pero se le vio con menos remilgos que al Presidente del Gobierno.

Perturba comprobar cómo para este Gobierno, o para más concreción, para su Presidente y su Vicepresidente, todo sea una conspiración. Es conspiración que un juez trate de averiguar qué ocurrió con la famosa tarjeta de la asesora de Iglesias que éste tuvo en su poder. Es conspiración que la Presidenta de Madrid muestre su preocupación por los controles o ausencia de ellos en el aeropuerto de Barajas. Si todo es conspiración cabe preguntarse a qué se dedica el CNI que parece no enterarse de que vivimos en un país lleno de cloacas, golpistas y conspiradores.

Tiempo habrá de ocuparse con más atención de estas y otras cuestiones políticas que tanto perturban. Ahora, lo más inmediato, lo que más perturbación causa a cientos de miles de españoles, son los focos de nuevos contagios de una pandemia que continúa con nosotros. Todos somos culpables, en mayor o menor medida, de que el virus se esté, de nuevo, extendiendo por nuestro país. Siempre he sido muy escéptica. Nunca me acabe de creer que de la pandemia íbamos a salir mejores, más responsables, más solidarios. ¡¡¡Qué poca memoria tenemos!!!. Ahí tenemos botellones clandestinos y no clandestinos, playas atiborradas, grupos sin distancia y, por supuesto, sin mascarilla.

Perturba el virus y debería perturbar mucho más porque si vuelve a anidar entre nosotros todo lo demás es secundario por no decir que casi irrelevante.

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