De autores, cómplices y encubridores

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Un exfiscal Jefe de la Audiencia de Barcelona, también exfiscal especial Anticorrupción y un exfiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, quienes en 1984 formalizaron una querella contra el consejo de administración de Banca Catalana, incluido su vicepresidente ejecutivo, Jordi Pujol, entonces presidente de la Generalitat, por delitos de “apropiación indebida, falsedad en documento público y mercantil y maquinación para alterar el precio de las cosas”, archivada en 1986 por el pleno de la Audiencia con el voto de 33 magistrados contra 8 favorables al procesamiento, se acaban de pronunciar públicamente a raíz de la “confesión” del otrora honorable y la reapertura pública de un caso que en su día, y hasta ahora, lo convirtió en un personaje invulnerable ante la justicia.
Para estos fiscales los querellados salieron beneficiados, porque antes de que se produjera la quiebra del banco salvaguardaron sus intereses apoderándose fraudulentamente del dinero de miles de accionistas. Algo similar al caso de las preferentes y subordinadas y las “indemnizaciones” millonarias que se llevaron algunos banqueros. Lo que demostró el nivel de connivencia política y judicial en una causa en la que eran evidentes los indicios de responsabilidad penal. Creando, además, un clima de impunidad idóneo para seguir operando al margen de la ley y fuera del peligro de cualquier persecución, ante la pasividad de los respectivos fiscales generales, obedientes al partido en el poder de que esta persona era intocable. Y así durante más de tres décadas, en las que nadie de esos partidos, ni del suyo propio, quiso saber nada de las desproporcionadas ganancias ni del patrimonio oculto en paraísos fiscales; incluso, por cierto, siendo su consejero de Economía Artur Mas.
Una trama delictiva que inútilmente trataron de destapar y castigar estos “románticos” defensores de la legalidad, y que constituye una clara muestra de las complicidades y tolerancias habidas en España con la corrupción política; que clama por la elaboración de medidas legales que realmente la persigan encarcelando a sus participes. El tiempo les ha dado la razón en una investigación donde les dispararon a las ventanas, les llamaron intermitentemente por la noche, y les injuriaron en los medios de comunicación como si ellos fueran los corruptos. Resulta insultante escuchar ahora a los mismos políticos que hicieron su carrera en esos tiempos y circuitos pretender convertirse en los adalides de la moralidad y del cambio, sin despegar de su boca esa expresión a veces tan farisea, incluso fascista, de “tolerancia cero”.
¿Novela negra? No. Realidad pura y dura.

De autores, cómplices y encubridores