PRODUCTOS MILAGRO

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Regularmente la prensa nos revela los últimos descubrimientos sobre las bondades de determinados alimentos y actividades y los beneficios que tienen para la salud, en algunos casos de manera milagrosa. Cada tres o cuatro meses aparece un estudio que asegura que tomar o practicar esto o aquello previene contra todo tipo de cáncer, mantiene a raya el alzhéimer o hace que la artrosis, la halitosis, la escoliosis, el carbunco o la tos ferina desaparezcan. En definitiva, alarga la vida o nos hace más felices.
Es ya dogma de fe que el té es sinónimo de fuente de la eterna juventud; el café, otrora denostado como causante de toda suerte de enfermedades coronarias y de disfunción eréctil, es ahora un potente protector del corazón y un eficaz afrodisíaco; consumir cerveza es sumergirse en el caldero de Dagda.
El chocolate, el ajo, los puerros, el jamón (sólo si es español, claro), las acelgas o los colgajos de mandril.... todo vale y es susceptible de convertirse en farmacopea casera y barata para atajar todos los males. Y el vino... ¡ah, el vino! La panacea, el elixir de los dioses (sólo si es español, por supuesto).
Los estudios siempre recomiendan un “consumo moderado”, sin que se llegue a aclarar en qué consiste eso. Si empleásemos baremos eólicos, por ejemplo, y una copa equivaliese a la calma chicha y el coma etílico a vientos huracanados, mediante una simple regla de tres colegiríamos que ese consumo moderado vendrían a ser un par de frascas diarias, decididamente salutíferas.
El caso es que cada vez que se publica un informe sobre las propiedades de algo, todo el mundo se lanza a ello con entusiasmo. Se corre la voz y se comenta la lozanía adquirida por el vecino de un conocido del primo de un amigo de fulanito desde que toma o hace tal o cual cosa avalada por los científicos. Y entonces nos abalanzamos a devorar cantidades ingentes de bayas de Goji porque son fuente inagotable de salud o a practicar sexo con frenesí conejuno porque dicen que baja la panza y el colesterol.
Estos profundos y relevantes estudios suelen tener su origen en prestigiosas universidades y en institutos o fundaciones privadas, si bien en ocasiones no coinciden o directamente se contradicen.
Cualquier producto analizado pasará en algún momento alternativamente de remedio milagroso a ser veneno mortal, cuando no una bobada (se dice, maliciosamente, que depende de quien haya encargado el informe). Ha habido verdaderos desencuentros entre los expertos sobre la eficacia de lo analizado y la verdad de lo que se cuenta.
Y se nos queda cara de panoli cuando otros peritos nos dicen que las bayas de Goji pueden ser tóxicas y que (nuestro gozo en un pozo) cuidado con el sexo, que sin medida y a ciertas edades puede causar una inoportuna apoplejía. Quedamos desconcertados.... Pero de qué nos sorprendemos si siempre nos tragamos las versiones que nos endilgan sobre la Encuesta de Población Activa.

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