Educación, acuerdo imposible

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El gobierno del Partido Popular aplicó el rodillo de la mayoría absoluta en 2013 para aprobar la Ley Wert y el Partido Socialista prometió que la derogaría al llegar al poder. Dicho y hecho: el Congreso aprobó la Ley Celaá del PSOE y Podemos con los votos de PNV, Bildu y Esquerra -será refrendada el miércoles en el Senado- y los populares también prometieron su derogación cuando vuelvan a gobernar. 

Desde la recuperación de la democracia, los sucesivos gobiernos utilizaron la Educación de manera obscena en un permanente “volver a empezar” que tanto a los padres y a los profesores y a estudiantes desconcierta. En cuarenta años España tuvo ocho leyes sin acuerdo y ahora tiene 17 modelos educativos. Mientras, la tasa de abandono escolar es del 17,3 por cien y el paro de los jóvenes, también los universitarios, alcanza el 40 por cien, los índices más altos de la UE. Algo falla en la preparación de las nuevas generaciones.   

Son muchos los reparos que se ponen a esta Ley: limita la libertad de elección de centro, presiona a la concertada y condena la educación especial, el castellano deja de ser lengua vehicular y permite pasar de curso y dar el título de Bachiller con suspensos, lo que equivale a “igualar por abajo”, a valorar más la mediocridad que el esfuerzo, además de trampear las cifras de fracaso escolar.  

Dice Jesús Luis Domínguez, el profesor que denunció el “aprobado general” encubierto de la Ley Celaá que “regalar notas y títulos genera jóvenes dóciles, acríticos y manipulables”. Puede ser que la ministra no busque ese resultado con su ley, pero va a tener razón el internauta que tuiteó “no se preocupe, señora ministra, aprobarán todos con su Ley pero, tristemente, ya los suspenderá la vida”.

“Cada nueva Ley de Educación empeora la anterior, y miren que es difícil, dice Javier Marías. No creo que nadie imaginara una más necia que la de Wert, del PP. Y sin embargo, la de Celaá, que nos endosan PSOE y Podemos, la supera en servil, idiota y enloquecida en casi todos los aspectos…”. 

Probablemente porque es una Ley “exprés y de partido”, cargada de ideología y hecha sin consultar a la comunidad educativa, a los expertos, a los padres y a las autonomías, igual que la Ley Wert que deroga, y por eso tiene tanta contestación social. “Una ley que aplaude la mitad y abuchea la otra mitad, apunta el profesor Javier Tourón, no es una buena ley”. No representa la solución educativa que esperan los padres para que sus hijos encaren el futuro personal y profesional más formados y competentes.       

Lo que sí representa la Lomloe es otra oportunidad perdida para alcanzar un pacto educativo, imposible en España. Es el gran fracaso de la democracia. 

Educación, acuerdo imposible