La sentencia no soluciona nada

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icen los juristas que la sentencia a los políticos catalanes está bien argumentada y razonada en las docenas de folios que ocupa y que las condenas se ajustan al criterio de proporcionalidad exigible para que sea justa y yo, que no soy jurista, me limitaré a aceptarla como buena. 
Si les digo la verdad, no me produce ninguna sensación porque en mi conciencia el problema catalán es hoy, el mismo que ayer. De hecho, los que tendrán que cumplir condena de prisión ya están en la cárcel, salvo algunos que la leen desde la distancia por su cobardía y permanecen fugados mientras sus compañeros de fechorías están en prisión. El problema sigue vivo porque el problema está en esos miles de personas que han sido sectariamente adoctrinados para el odio a España y a todo lo español. Eso se hizo y se sigue haciendo en los colegios y azuzados desde medios de comunicación e instituciones enteras al servicio de este despropósito. 
Y nada de esto va a cambiar con la sentencia. Generaciones enteras de jóvenes han sido educados con falsas historias que profundizan en las diferencias y los rencores impostados y no son extraterrestres, solo son víctimas de un sistema implementado desde los partidos y los gobiernos separatistas que han dirigido las instituciones catalanas con el permiso y a veces con la ayuda de partidos nacionales que han aceptado como interlocutores válidos a los separatistas que con sus escaños han dado y quitado mayorías en el parlamento español, eso sí, a cambio de la permisividad más irresponsable que consintió que en Cataluña unos pocos hicieran lo que les diera la gana. 
Tanta es la irresponsabilidad de algunos que, cuando se aplicó un 155 edulcorado, exigieron que no se tocaran los medios públicos de comunicación, altavoces imprescindibles del separatismo para llegar a todos los hogares de Cataluña llevando mensajes y contenidos incendiarios contra el estado español. 
Y esto sigue sucediendo hoy y ahí no llega la sentencia y en los colegios mañana serán leídos manifiestos contra la justicia española y los estudiantes serán invitados a dibujar pancartas y ocupar las calles con manifestaciones convocadas por aquellos que desde su odio a España utilizan a los jóvenes para provocar el desorden y calentar el ambiente, mientras Puigdemont lo ve desde su sofá en Waterloo por Tv3, que no escatimará medios para alargar y engordar el falso relato de aquellos que quieren romper España. 
De la mano, siempre, de la familia más corrupta de nuestro país y a los que en su tierra nadie les pide explicaciones de todo lo robado. Gran parte de todo el problema, pasa por generar incendios cuyo humo oculten la realidad de la corrupción en Cataluña, pero esto no se enseña en las escuelas catalanas. Y mientras haya sentencias y solo sentencias y no se actúe sobre los contenidos curriculares de los estudiantes y se garanticen medios de comunicación públicos que sean un servicio público y no un arma de guerra a las órdenes de los gobernantes separatistas, no habrá atisbos de solución a un problema que se alimenta de la desinformación extendida por políticos, maestros y periodistas al servicio de una causa artificial e irreal, que solo existe en las cabezas incurables de quienes llevan muchos años viviendo del chollo del “proces” y muy bien por cierto. 
Aún hoy, algunos cuentan con los partidos separatistas para conseguir mayorías tras el 10 de noviembre y este es el verdadero problema, los líderes encarcelados serán sustituidos por otros que insistirán en sus mentiras.

La sentencia no soluciona nada