Hospitales con alma

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En estos tiempos de insoportable y persistente pandemia, los hospitales han pasado a ser las segundas residencias de una buena parte de la población. De pronto, nos hemos enterado de que España, ese país que habitamos y que siempre creímos que gozaba de una inmejorable sanidad, no estaba preparado para soportar los coletazos de una peste llamada coronavirus. Ni había suficientes camas de UCI, ni tampoco personal para atender debidamente a unos enfermos que, en los momentos más duros, colapsaban los hospitales. 
Los centros hospitalarios enfermaron de tanto recibir enfermos y, a los que tuvimos la suerte de esquivar al bicho, nos encerraron en casa durante un par de meses de nada, para evitar que cayésemos todos como moscas y que no solamente se hundiera del todo nuestro sistema sanitario, sino también el económico… Porque al final, nos guste o no, las personas integrantes de una población, somos para nuestros gobernantes poco más que contribuyentes necesarios.
Y entre hospital y hospital y centro de salud y centro de salud; surgieron los héroes anónimos. Miles de sanitarios doblando turnos para atender a gente en sus pasillos. Centenares de personas entregadas a la causa de la lucha contra una pandemia sin precedentes en la era moderna. Gente que subió sin pretenderlo al grado de persona y que se dejó parte de su vida y muchas de sus emociones en ayudar a otros. De pronto, sin esperarlo y en muchos casos, la sanidad se dotó de alma. 
En los últimos días y por problemas de salud que nada tienen que ver con esta peste, me he visto obligada a visitar con frecuencia el conocido sanatorio coruñés San Rafael y he corroborado que existen centros sanitarios humanizados. Lugares donde uno no es un número, sino una persona. Donde las enfermeras te tratan con mimo y para los médicos eres alguien a quien ayudar. Alguien en quien bucear hasta encontrar y, lo que es lo mismo, un ser humano cuidado por semejantes.
De pronto, me di cuenta de la suerte que teníamos de que todavía quedase en la ciudad un centro hospitalario lo suficientemente pequeño como para que un paciente sea más que un número y lo suficientemente grande como para disponer de un elenco de médicos dignos de mención… Y sentí pena de que otros que hace unos cuantos años eran como es este ahora, se vendieran a grupos más fuertes provenientes de otras tierras en las que los de aquí no tenemos voz, voto ni intereses.
Felicito de corazón a los propietarios de este hospital privado por ser fieles a sí mismos y por atender con esmero y dedicación, en momentos tan delicados, a mi familiar. Agradezco la profesionalidad de todos y cada uno de los que lo han tratado y les pido que prosigan dirigiendo un hospital con alma, que además es muy de aquí.
Ojalá pronto concluya esta pandemia que nos azota con bofetadas de ida y vuelta y que, a su paso, nos deje una sanidad más sencilla y humanizada. El primer peldaño para lograrlo ya lo hemos subido por medio de esta peste que nos ha obligado a bajar el listón de muchas cosas y a valorar más que nunca algo tan pequeño como la sonrisa de un médico o el cariño de una enfermera. 

Hospitales con alma