La próxima gran batalla se llama Oriol Junqueras

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¿Podrán presentarse nuevamente a las elecciones los actualmente presos Oriol Junqueras y otros de los políticos catalanes encarcelados por el intento golpista del que se van a cumplir dos años? En medios independentistas ya se va aventando esta pregunta, que podría constituir una más de las muchas anomalías de las que acompañan a la agitada vida política española. La respuesta que te dan, cuando trasladas esta inquietud a medios teóricamente competentes, es: claro que no, porque la inminente sentencia del Supremo inhabilitará a Junqueras, Romeva, Rull etcétera, para presentarse. No es tan fácil, sin embargo, como algunos quisieran presentarlo: la controversia jurídica –y política– está servida.

La gran batalla que viene lleva el nombre de Junqueras, líder de Esquerra Republicana, ganador de los comicios de junio en esa comunidad, eurodiputado electo que no ha podido recoger su acta, que está a punto de cumplir dos años en prisión preventiva y que aguarda una sentencia, que llegará en menos de tres semanas, en la que se le condenará a una pena dura, quizá incluso por rebelión, quién sabe. Inhabilitación incluida.

Pueden, en el camino, ocurrir muchas cosas: por ejemplo, que la sentencia del Supremo llegue después del 7 de octubre, que es la fecha en la que han de completarse las listas electorales; en este caso, habría que descabalgar posteriormente a Junqueras de la candidatura, cuando llegue la sentencia, con el consiguiente lío jurídico, mediático y propagandístico. También puede ocurrir que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea decida que Junqueras, como eurodiputado electo, es inmune. Y entonces, suplicatorios y cuanto se quiera por medio, el Supremo podría tener que acabar ordenando la excarcelación de Junqueras, su puesta en libertad.

Hipótesis esta última que no creo que desagrade demasiado al Gobierno (en funciones), que no sabe qué hacer con alguien que tiene un indudable prestigio en Cataluña como Junqueras. Mucho más prestigio, sin duda, que su ya mortal enemigo Torra. O que Puigdemont, cuyo futuro ya ha dejado de interesar: si una euroorden no puede traerle de regreso de Waterloo, que se quede allí para los restos. Añádase a ello que Junqueras resulta, para el Ejecutivo que preside Pedro Sánchez y para sus mediadores cerca de la prisión de Lledoners, un posible interlocutor más viable que el fanatizado Torra. Tendremos así un esquema bastante completo de la fluidez de la situación de las relaciones entre la Cataluña secesionista y la España oficial.

Reducir esta maraña a un problema de aplicación o no del artículo 155 de la Constitución “en caso de necesidad” parece una simpleza. Es obvio que, mientras Torra y su mentor Puigdemont han elegido una estrategia de confrontación abierta y posible desobediencia, de nuevo, a las leyes, en Esquerra se apuesta por algo muy diferente: es guerra versus búsqueda de diálogo. No hay más que ver la transformación del diputado de ERC Gabriel Rufián, que de ‘hooligan del escaño’ se ha convertido en casi un ‘hombre de Estado’, para lo que valga, al frente de un importante grupo parlamentario.

Todo lo cual, cuando las elecciones generales y, no mucho más tarde, las catalanas, andan ya rondando, es algo muy digno de tener en cuenta por los estrategas en funciones del Gobierno central, si es que tal cosa existe al margen de las labores de imagen de Iván Redondo. Ni será tan fácil, ni quizá fuese conveniente, reemplazar a Junqueras así, sin más, ante una sentencia inhabilitadora procedente del Supremo.

La vida política catalana se mueve a velocidad de vértigo. La incompetencia de Torra para gestionar la Generalitat, es decir, el bienestar de los ciudadanos catalanes, hace que muchos se estén planteando la creación de nuevas formaciones para ocupar el nacionalismo e incluso un independentismo “dialogante” con el resto de España, y ahí es posible que nombres como Artur Mas, Marta Pascal o incluso Santi Vila tengan algo que decir: ahí está ese encuentro en Poblet este fin de semana, del que, sin duda, saldrán noticias en este sentido.

No pueden los partidos constitucionalistas, que tanto nos han fallado, perderse ahora en la mera campaña electoral que viene, con sus acusaciones todos contra todos –¿quién ha sido el gran culpable de esta repetición de elecciones?–; Cataluña es un envite demasiado importante para la salud del conjunto de España como para andar liándose en si son galgos o podencos, en quién actuó peor –porque mal lo han hecho todos– para llegar hasta donde hemos llegado tras cuatro años de profunda crisis política nacional.

El gran reto para España, al margen de la patente incompetencia de una mayoría de los representantes públicos, es mantener la unidad y la coherencia nacionales, que es un desafío que desde Cataluña, por muy divididas que estén las fuerzas independentistas, nos llega todos los días con clamor creciente. Y Oriol Junqueras está en el centro de la tormenta. Él lo sabe. Los demás, que andan preparando ya sus campañas en sus centros estratégicos, también. Pero quieren a veces olvidarlo.

La próxima gran batalla se llama Oriol Junqueras