FANTASMAS EN LA NIEBLA

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La galería Pardo Bazán ofrece la muestra “Fantasmas en la niebla”, constituida por una serie de fotografías manipuladas, en las cuales el monfortino Roberto González recrea o, por mejor decir, fabula una docena de historias sucedidas en el entorno de los jardines Regent Gardens de Edimburgo, donde reside. La presencia de lo numinoso, de lo invisible, de lo que sucede en el interior de la psique humana, ha estado siempre presente, de una manera o de otra, en la obra de este artista, pese al realismo figurativo de que ha hecho gala en su pintura.
Ahora, en esta segunda exposición de fotografía que le conocemos (la anterior fue Trece mujeres) se decanta claramente por el misterio, por la indagación en lo que hay del otro lado, sirviéndose del elemento atmosférico de la niebla, tan de los países nórdicos y tan afín al alma celta, pero igualmente tan sugerente para el espíritu romántico. La niebla borra los perfiles, diluye los horizontes y produce la sensación de que los objetos se desmaterializan y flotan; en este ambiente es fácil imaginar apariciones de fantasmas y de criaturas feéricas y eso es lo que hace R. González, si bien sus aparecidos son todos seres humanos que han tenido muertes truculentas y que vagan sin descanso –según la tradición– por los mismos lugares donde han sido asesinados o se han suicidado.
Así lo hace Duncan McQeen, abogado travesti, esperando el regreso de sus tres hijas perdidas; o la enfermera Drew Austin, que murió de pena por el suicidio de su compañera Rona Monroy, que también se aparece; o el tenista suicida Ross McDowney, que flota junto a la cancha de tenis; o Alí Mostaza, el guarda, al que devoraron sus perros... Se trata, en todos los casos de seres infortunados, con excepción de Peter Ballman, cuya vida “modélica”, no obstante, ha contribuido a más de una desgracia de los otros personajes.
Teje así, R. González una tela de araña narrativa que le sirve de pretexto para convertir el hermoso espacio donde vive en un lugar de leyenda. Aunque la leyenda –según subraya Javier Mazorra– forma parte de la ciudad de Edimburgo, “una de las ciudades europeas con mayor actividad paranormal”. Y es precisamente ahí, en el Regent Gardens, sito en la colina de Calton Hill, donde el misterio se hace más espeso y donde nuestro artista ha conseguido captar las extrañas presencias; no importa si nunca han existido; en su lugar, otras muchas se presienten y en todo caso, es de lo inexplicable de lo que siempre busca hablar el arte.

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