LOS PEORES

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No entendemos “El Quijote” ni la factura de la luz. Se nos atragantan las oraciones subordinadas; comas y verbos que se enredan en nuestra cabeza hasta hacer que olvidemos el mensaje principal. Pasamos por las noticias del periódico sin saber qué dicen, como las cartas del banco y los impresos oficiales. Calculamos el ahorro en el supermercado contando con los dedos y para cualquier operación más allá de una suma recurrimos al móvil. Los peores de la OCDE, dice el informe PIACC, el PISA de adultos.
Los padres y los abuelos de esos chavales que están por debajo de la media en cultura general tampoco dan el nivel. Ni sus hermanos mayores. Víctimas de la Logse, se apresuran a justificar desde el partido del poder. Y de la educación franquista, responden en el bando contrario. Ellos a lo suyo, aprovechando la ocasión. A ver si con suerte consiguen esconder los errores propios con las culpas ajenas.
Y con el informe de la vergüenza bajo el brazo se presentan en el Congreso dispuestos a perderse por enésima vez con el castellano en Cataluña, la religión como asignatura y el concierto con los colegios que segregan por sexos. Buscando el titular fácil y los votos exaltados de los que encuentran afrentas en cada decisión ministerial y de los que defienden todo lo que suene a ruptura con el Gobierno anterior.
Así, entre debates sonoros pero poco significativos para el futuro de los alumnos, la nueva ley avanza sin suponer, ni de lejos, la solución a la crisis de la educación. Porque de poco sirve hablar de itinerarios, cálculos de calificaciones y análisis de rendimientos si se falla en la base, los recursos para que los profesores puedan seguir haciendo su trabajo. Exigir mejores resultados con menos herramientas es tan injusto como indignante. Recuperar exámenes dirigidos a reducir al mínimo la élite universitaria es lo contrario a impulsar la educación. Recortar es condenar el sistema. Los profesores han salido a la calle a decirlo a gritos y lo han firmado en silencio en documentos que habrán acabado en alguna papelera de un edificio oficial.
Será que el ministro también falla en comprensión lectora. Y que no entiende que las cuentas no salen.

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